Merienda,
por Rubén Azócar
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En mis años en el equipo de natación de la escuela, a medida que las prácticas se hacían más largas e intensas, la salida se corría cada vez más hacia la noche. En mi bella Caracas, sobre todo entre noviembre y febrero, entre las seis y las siete de la tarde el frío se hacía sentir. Uno salía de la piscina helado, tras cuatro horas de nado, con la piel erizada.
Me vestía rápido y, al salir, allí estaba “la lancha”, como llamábamos a la camioneta roja Caprice Classic del 75 que manejaba mi mami. Al entrar, me esperaban un sacudón de pelo, un beso y un termo con Toddy u Ovomaltina caliente. Pero lo más memorable era el sándwich de mantequilla de maní con mermelada. Recuerdo la primera vez que lo probé: la mezcla del maní con la dulzura de la mermelada...




