
Celos, 1927
Fuente: https://www.wikiart.org/
Los celos no nacen solo del miedo a perder al otro. A menudo nacen del derrumbe de la imagen que habíamos construido de nosotros mismos en su mirada. No duele solo la posibilidad de ser desplazados; duele descubrir que quizá no éramos quien creíamos ser dentro de ese vínculo.
Cuando eso ocurre, el otro deja de ser solo alguien amado o deseado y pasa a sostener una versión de nosotros que todavía no sabemos habitar solos. Por eso cualquier cambio en su atención, en su distancia o en su deseo puede vivirse como una amenaza total. No se rompe solo el vínculo: se agrieta también el personaje que creíamos ser.
Eso no significa que todo esté “en la cabeza”. Hay gestos, ambigüedades y pequeñas crueldades que pueden alimentar los celos. Pero su intensidad revela casi siempre una fragilidad previa: una auto imagen aún no integrada, demasiado dependiente del reflejo ajeno.
Los celos no son prueba de amor ni simple defecto moral. Son una crisis de consistencia.

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