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Hace unos años, como por las fechas decembrinas, iba camino a una reunión con los compañeros con quienes trabajaba en ese entonces. De pronto del carro comenzó a salir humo y a mostrar signos de recalentamiento. Me detuve, abrí el capó y noté que, en efecto, se había roto una manguera.
Tuve que llamar para decir que no iba a la reunión. Lástima. Yo nunca me pierdo una comida. Sin embargo, en esas condiciones era difícil que pudiera llegar.
Recordé que cerca del sitio en el que estaba había un taller donde tal vez pudieran auxiliarme para resolver el problema y asistir al compromiso o por lo menos regresar a la casa.
Claro, en ese estado no era recomendable encender el carro. Así que me dispuse a empujarlo, por unas cuadras. Comencé en la tarea y al poco rato se acercó un sujeto:
– ¿Qué le pasó? – preguntó, refiriéndose al carro.
Le expliqué el asunto del recalentamiento y de la manguera. Dijo “ah!” y se fue, sin más ni más; es decir, sin ayudarme. Seguí empujando.
La calle tenía como una ligera pendiente, en subida. Me detuve un momento a descansar. Llegó otro sujeto. Misma pregunta, misma respuesta y el mismo “ah!”. Y también se fue.
¿Qué creen? Hubo hasta una tercera persona. Lo miré y no le respondí, sino que seguí empujando mi carro, hasta que llegué al taller. Allí el mecánico también quiso saber lo que había sucedido, solo que en esta ocasión sí hubo una respuesta y una solución.
Desde que me pasó eso, cada vez que alguien muestra curiosidad por alguna situación que se me presenta, me pregunto si lo que quiere es fastidiar, si hay verdadero interés y si de verdad puede ayudar, porque tiene los medios técnicos o el conocimiento.
Por supuesto, lo ideal sería, cuando vemos a una persona en una situación aparentemente problemática, preguntar: se encuentra bien, tiene algún problema, hay algo en lo que lo pueda ayudar…
En mi caso, ya aprendí: digo que no pasa nada y sigo con mi carga a cuestas, para no perder tiempo ni energía, ni hacerme falsas ilusiones o expectativas. Porque si no van a ayudar, no estorben (por decirlo de una manera decente).