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Cuestiones absurdas de la belleza en el trabajo – Cynthia Montaudon

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Fernand Leger
Dos mujeres con bouquet (detalle)
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La belleza en el trabajo ha sido un tema que ha atraído a muchos investigadores. En el campo de la psicología, se ha demostrado que las personas reaccionan de manera más positiva ante quienes destacan por su belleza.

Por años se mantuvo que el atractivo físico era una ventaja para obtener una posición, negociar un mejor salario e inclusive escalar a mejores puestos, y se le relacionaba con una mayor confianza y autoestima y con un mejor desempeño. El bono de la belleza (beauty premium) y la penalización por falta de atractivo (ugliness penalty), se convirtieron en prácticas discriminatorias visibles en la brecha salarial entre los empleados más y menos atractivos.  

Las diferencias no se limitaban a la simetría del rostro o características como el color de los ojos, o el tono de la piel. Los empleados más altos ganaban más, mientras que los más pesados, menos. Aún cuando la mayor parte de los estudios sobre belleza en el entorno laboral provienen de los Estados Unidos, se han documentado ejemplos similares en todos los continentes.

Los anuncios de vacantes en ocasiones contienen descripciones que podrían tildarse de excluyentes. Es común encontrar entre las características esperadas de los candidatos, contar con excelente presentación y con frecuencia los reclutadores otorgan un mayor valor a la apariencia física que al talento.

Nuevos estudios han señalado que el atractivo físico puede convertirse en un arma de doble filo, especialmente para ciertas posiciones. En el caso de las ciencias, las mujeres menos atractivas parecen ser más exitosas, y en puestos administrativos y de niveles gerenciales, estudios han demostrado que las mujeres no tan guapas son percibidas como más honestas y confiables, mientras que las más atractivas pueden ser consideradas como menos capaces y menos competentes para su posición, bajo el estereotipo de la rubia tonta (dumb blonde).

En el caso de los hombres, también parecen existir diferencias. Para aquellos dedicados a las ventas, una falta de atractivo puede convertirse en una percepción de mayor experiencia y decencia. Los trabajadores menos atractivos en sectores financieros y de aseguradoras se reportan como más cumplidos y con un mejor desempeño laboral que los guapos.

Ahora resulta que no ser guapo no es tan malo. Ha surgido un nuevo bono salarial vinculado a la falta de atractivo, o bono de la fealdad, (ugliness premium) como oposición al bono de la belleza.  Se ha generado toda una cultura de apreciación de lo que es feo, como un nuevo estándar. Pero no basta con ser mal parecido. Hay que ser bastante feo para que la apariencia tenga un impacto positivo en el salario y en el puesto.

La belleza en el trabajo constituye en sí misma, un riesgo, especialmente si la apariencia es física es promedio.  Por absurdo que parezca, aparentemente hay que encontrar la adecuada relación entre las características físicas, el puesto, y el entorno de trabajo, más que un empleo donde uno pueda desarrollar al máximo sus capacidades.

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Cynthia Montaudon es profesor de tiempo completo de la Escuela de Negocios de UPAEP Universidad en la ciudad de Puebla, México. Cuenta con estudios posdoctorales en Liderazgo Organizacional. Es doctor en Planeación Estratégica y Dirección de Tecnología y también doctor en Negocios. Actualmente dirige el Observatorio de Competitividad y Nuevas Formas de Trabajo de la UPAEP y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), Nivel I.
cynthiamaria.montaudon@upaep.mx

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