
Misterio y melancolía de una calle, 1914
Fuente: https://en.wikipedia.org/
Estuve en esta tranquila piazza de un pueblito italiano perdido.
Lo vi fotográficamente de un solo golpe y de pronto le pregunté a mi hijo como era la frase que los italianos usaban para disfrutar esa sensación de dejar pasar apaciblemente el tiempo. Le comenté que en ese momento entendía por fin a los italianos y él presuroso me contestó, “bueno para eso estamos aquí (ahora)”. Comprendí de súbito lo que significaba esa enigmática frase. Es un enfrentamiento a la Nada pero dulcemente, como si fuera un Zen a la europea, a l’Italia.
El rito comenzó a desarrollarse de forma estricta y metódica, un Spritz cocktail típico e inequívoco para observar y atestiguar la ocasión.
Sentarnos, observar plácidamente la vida de la piazza, que no es la plaza, le place ni el square, sino la piazza, italiana, llena de ocio y dulzura, de tiempo dilatado y multidimensional, de serenidad y paz.
Fue entonces cuando lo vi, era un cuadro de De Chirico en vivo, la imagen arquetípica de la niña llevando la ruedecilla de metal y guiándola con una varilla, lo onírico y real mezclados, las teorías pictóricas hechas realidad delante de mis ojos en una forma transparente.
Era la vida misma.
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