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Una de sirenas,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 267c

Una de sirenas,
por José Manuel Peláez

El sonido a desgracia me dolió antes de verla. Moviendo sin cuidado unos papeles, tiré al suelo la sirena de porcelana regalo de mamá que conservaba como su último recuerdo. El timbre de la puerta me descongeló. Manolo venía a buscarme para ir a comer. Ambos nos quedamos mirando los dos pedazos de delicada nereida fracturada por un hachazo en el pecho. Hubo un luto silente que Manolo rompió dándome una palmada en el hombro mientras me aconsejaba que saliéramos. No estuve muy pendiente de cómo llegamos a Chen Wong, pero estaba seguro de que no era un restaurante chino. Manolo me franqueó el paso y, detrás del mostrador, un chino centenario de cuento, con anteojos redondos, coleta y barba de flecos de seda nos recibió impasible. Entonces Manolo se sacó del bolsillo las dos piezas de mi si...
El que ayuda,<br/> por Luli Delgado
Luli Delgado, 267c

El que ayuda,
por Luli Delgado

ler em português        Parece que las playas del Pacífico son feroces, y esta semana las de Santa Cruz fueron noticia: un muchacho se metió arriesgando su propia vida para salvar a un niño que se ahogaba. El video le dio la vuelta al mundo y todos respiramos aliviados frente al final feliz de lo que pudo haber sido una tragedia, aunque ni nos hubiéramos enterado. En fin.Más allá de la imprudencia del niño o del rescate en el agua, lo que me conmueve es la figura de "el que ayuda": ese alguien consciente del riesgo que no lo piensa dos veces para sostener a otro. Un héroe pequeño, sin capa ni máscara, que salta al ruedo sin que nadie se lo pida.Y no me refiero a grandes hazañas. Hablo de los salvavidas del día a día. Una vez me pasó que andaba distraída en la calle tratando de entender una...
Dolce far niente,<br/> por Ricardo Báez Duarte
Ricardo Báez Duarte, 267c

Dolce far niente,
por Ricardo Báez Duarte

Estuve en esta tranquila piazza de un pueblito italiano perdido. Lo vi fotográficamente de un solo golpe y de pronto le pregunté a mi hijo como era la frase que los italianos usaban para disfrutar esa sensación de dejar pasar apaciblemente el tiempo. Le comenté que en ese momento entendía por fin a los italianos y él presuroso me contestó, "bueno para eso estamos aquí (ahora)". Comprendí de súbito lo que significaba esa enigmática frase. Es un enfrentamiento a la Nada pero dulcemente, como si fuera un Zen a la europea, a l’Italia. El rito comenzó a desarrollarse de forma estricta y metódica, un Spritz cocktail típico e inequívoco para observar y atestiguar la ocasión. Sentarnos, observar plácidamente la vida de la piazza, que no es la plaza, le place ni el square, sino la piazza, ...
El eco,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 267c

El eco,
por Getulio Bastardo

Aún no eran las seis de la tarde. El sol, ya inclinado hacia el horizonte, teñía la superficie del océano de amarillos, anaranjados y rojos, convirtiendo aquella hora crepuscular en un espectáculo de una belleza casi poética. Un automóvil del último año, provisto de todas las comodidades y la tecnología que la época permitía, se detuvo en una explanada junto a la carretera. Desde allí se divisaba una extraña formación rocosa que ningún viajeros se atrevía a visitar. Se levantaba entre dos cerros que formaban una honda quebrada. El conductor del vehículo era el mismo hombre que, muchos años atrás, recorría aquellos parajes en un humilde bote de remos. Ahora transitaba por el antiguo camino de mulas, recientemente rectificado y asfaltado, El paisaje había cambiado; él también. Sin emba...
Belleza fugaz,<br/>por Juan Carlos Sosa Briceño
Juan Carlos Sosa, 267c

Belleza fugaz,
por Juan Carlos Sosa Briceño

Dos veces al año, al atardecer, cientos de personas se reúnen en las calles de Manhattan y miran hacia el oeste. Ocupan las calles y las aceras, levantan sus teléfonos y esperan ansiosos. En una ciudad que vive acelerada, una multitud hace una pausa para contemplar cómo el sol desciende entre los edificios. El fenómeno se conoce como Manhattanhenge. Durante unos minutos, el Sol queda perfectamente alineado con la cuadrícula de las calles, y parece suspendido al fondo de una larga avenida, enmarcado por los rascacielos. Después desaparece. Nadie viajaría hasta la ciudad que nunca duerme para contemplar un Sol que permanece eternamente detenido entre los edificios. La belleza del fenómeno depende, en parte, de su brevedad. Algo semejante ocurre con muchas cosas en nuestro universo, ...
Te cuento que…<br/> por Suzan Matteo 2/8
Suzan Matteo, 267c

Te cuento que…
por Suzan Matteo 2/8

La naturaleza tiene un extraordinario sentido del humor. A veces crea animales que parecen una cosa, pero resultan ser otra. Hace unos meses les hablé del ornitorrinco; pues hoy le toca al sengi. Si lo ves de lejitos, juras que es un ratoncito con la nariz estirada. Si te fijas mejor, dices que es una musaraña. Y si alguien te explica que sus parientes más cercanos son el elefante, el manatí y el damán, lo más probable es que pienses que esa persona necesita urgentemente unas vacaciones. Resulta que el sengi pertenece a una antigua familia africana cuyos vínculos de parentesco se descubrieron gracias al ADN. La genética vino a decirnos que la zoología también tiene sus secretos familiares: hay primos que no se parecen en nada y otros que se parecen demasiado sin tener parentesco algu...