Gente que Cuenta

En nada hay virtud sin compartir – Soledad Morillo Belloso

Ernst Ludwig Kirchner
Cocina en una cabaña alpina
s/f

Ninguna mujer en la Villa de Caracas preparaba el bienmesabe como la negra Contemplación. Se decía que el suyo tenía cualidades curativas. Que quien lo comía sentía que sobre sus calamidades se posaba la paz.

No estaba su secreto en la receta; más bien en las horas. Lo preparaba antes del cantar de los gallos, cuando los cocuyos andaban en afanes de amar.

En el silencio de la noche, Contemplación se iba a la cocina y, a la luz de velas y sin emitir sonido alguno, preparaba su dulce.

Antes de que cantara el gallo, Contemplación tenía listos tres bienmesabes

Tomaba tres cocos grandes, los partía y les sacaba la pulpa. Esto lo ponía en un cazo y le añadía dos tazas de agua caliente. Con un mazo trituraba la carne blanca y la pasaba por un paño, para ordeñarle la leche al coco. Le agregaba dieciocho amarillos y un puntico de sal. En una olla juntaba tres tazas y media de azúcar y una taza de agua y al fuego, muy fuerte, sin revolver, hasta lograr un almíbar a punto de hilo. Retiraba la olla del fuego y le agregaba la mezcla de carne de coco y huevos; lo batía hasta lograr una crema. Y de nuevo al fuego; revolvía muy lentamente, hasta el hervor. Entonces lo apartaba de la candela y dejaba enfriar. Tomaba un bizcocho que siempre tenía en la alacena; lo picaba en rebanadas finas y las ponía en un cuenco de cristal y las bañaba con jerez dulce. A seguir, una capa de la crema y una generosa capa de un merengue preparado con tres claras de huevo, media taza de azúcar y una pizca de canela, batido todo a punto de nieve.

Antes que cantara el gallo, Contemplación tenía listo tres bienmesabes, que colocaba a buen resguardo en un lugar fresco, lejos de  hormigas y otros antojadizos. Cada madrugada, un bienmesabe para el Convento de San Jacinto, otro para los mendigos de la Plaza frente a la Catedral. El tercero, para la merienda de todos en casa. El mismo bienmesabe, sin diferencias. Que todos somos hijos de Dios, que en nada hay virtud sin compartir.

Soledad Morillo Belloso
Escritora, novelista, cuentista, ensayista, periodista, articulista.
soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

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