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Gente que Cuenta

Jardín de flores,
por Lucy Gómez

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Maurice Prendergast,
Lecho de flores, 1899
Fuente: https://www.wikiart.org/

Los jardines más populares son los de flores, seguidos por los huertos, donde se cultivan principalmente plantas para comer y curarse.

Pero en cualquier tipo de jardín, si quieres que te dure y produzca, lo mejor es hacer unas cuantas previsiones.

Primero, revisar el sitio donde lo planeas, ya sea un terreno o solo un espacio para colocar unas macetas. En el caso de un terreno abierto, prueba de qué tipo es: arcilloso, arenoso o equilibrado. Si tomas un puñado de tierra y te echas agua en la mano, un suelo arcilloso podrá formar pelotas consistentes, en uno arenoso será francamente difícil hacerlas y probablemente el material se te escape entre los dedos, mientras que con uno equilibrado solamente lograrás que compacte un poco, con unas pelotas más bien flojas.

La mayor parte de las flores requiere un suelo que retenga humedad pero que drene bien, que no sea arcilloso ni arenoso. El arcilloso se compacta demasiado y puede estrangular las raíces si te descuidas con el riego al compactarse, mientras que el arenoso las matará de hambre, por la falta de nutrientes. La materia orgánica, como el compost o el humus, proporciona los nutrientes suficientes y ayuda a mantener la consistencia del suelo.

Para prepararlo, en el fondo del lecho de siembra, es decir, sacando por lo menos 30 centímetros de tierra, se echa compost, humus de lombriz o estiércol antes de sembrar. Se cubre con alrededor de diez centímetros de tierra y luego se introduce la planta, apretando bien hacia abajo y a los lados, llenando con tierra hasta llegar al cuello de la raíz.

En las macetas se coloca en el fondo primero una capa de drenaje, que pueden ser piedrecitas, pedazos de anime, polispan o poliestireno, aunque también sirven las bolitas de arcilla expandida o los restos de un jarrón roto. Luego dos centímetros de tierra y la comida, ya sea compost, estiércol o humus y luego la planta. Más tierra, apretando a los lados y por encima, dejando dos centímetros de espacio entre la tierra y el borde de la maceta, para que no se desborde el agua de riego.

Es importante que si consigues un jardín ya estructurado o unas macetas usadas, limpies bien antes de volver a sembrar. Unas macetas viejas con tierra de siembras anteriores pueden estar contaminadas y enfermar a tus plantas en pocos días. Las macetas viejas se limpian con agua y jabón y después agua hirviendo. En el caso de los maceteros en los balcones y todos aquellos contenedores que no se pueden mover, hay que emplearse a fondo con un desinfectante como cloro, por ejemplo.

Y con esta tarea de preparación y limpieza del terreno o de las macetas que contendrán un jardín precioso en el futuro, los dejo ocupados hasta la próxima vez que hablemos de cómo sembrar exitosamente las plantas que nos gustan tanto.

Lucy Gómez
Lucy Gómez es periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela. Fue jefe de redacción y de la sección política, de varios diarios de Caracas y Valencia, durante más de veinte años. es experta en el cultivo de huertos de hortalizas y flores. lucygomezpontiluis@gmail.com

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