La ilusión de Henriqueta,
por José Manuel Peláez
Mi tía Henriqueta tiene un secreto. Nunca he sabido su edad. Es pequeña y nerviosa como un mochuelo alerta. Tiene problemas de columna que no impiden que me cueste seguirle el paso cuando se niega a tomar un taxi porque: ”todo está muy cerca”. Nunca deja de sonreír y, comparado con su edad, este es su mayor misterio.
Henriqueta tiene pasión por los cupones que inventan las cadenas para aumentar sus ventas. Ha dejado de ir al mercado municipal porque allí solo ofrecen, venden y cobran, sin otro incentivo. Por eso, con pasitos de Pingüino Emperador, Henriqueta recorre todos los super en búsqueda y captura de “ofertas solo por hoy” y de etiquetas que prometan toda clase de estímulos.
Con frecuencia voy a visitarla no solo porque le tenga mucho cariño, ni porque sea mi última familia por...




