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Gente que Cuenta

La mesa compartida,
por Alfredo Behrens

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Pierre-Auguste Renoir,
Almuerzo del grupo de navegantes, 1880-1881
Fuente: https://pt.wikipedia.org/

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        Juan Pablo tenía la costumbre de devorar su almuerzo como quien apaga un incendio. Casi todos los días pedía comida rápida a la oficina, la desempacaba sobre el teclado y engullía hamburguesas mientras perseguía números en una hoja de cálculo. Para él, alejarse de la pantalla era una pérdida de tiempo; creía firmemente que quedarse clavado en su escritorio lo hacía más productivo. Pero la realidad era otra. Llegaba a las tres de la tarde con el cerebro nublado, el estómago pesado y una sensación constante de agotamiento. Sin darse cuenta, estaba atrapado en la trampa del aislamiento, una rutina que la ciencia equipara al impacto de fumar quince cigarrillos al día.

Todo cambió el martes que su colega Valeria se paró junto a su lugar y simplemente le dijo: “Deja esa hoja un rato, prepararon algo en la barra del comedor y vamos a sentarnos afuera”. Juan Pablo dudó, sintiendo la culpa del trabajo pendiente, pero el olor a comida rápida fría en su escritorio terminó por convencerlo.

Esa tarde, sentado en una mesa compartida bajo la luz del sol, escuchó risas, compartió anécdotas sencillas y se desconectó por completo de sus pendientes. La comida no solo le supo mejor; sintió que los hombros se le destensaban por primera vez en semanas. Al regresar a su asiento, la niebla mental había desaparecido y resolvió en veinte minutos lo que llevaba dos horas trabado.

Con el paso de las semanas, las comidas compartidas dejaron de ser una excepción y se convirtieron en su ritual diario. Juan Pablo descubrió que la mesa es un pegamento social invisible. Al abrirse a los demás, la confianza en el equipo aumentó y las conversaciones difíciles se volvieron más fluidas. Entendió que comer acompañado no era un lujo ni un desperdicio de minutos, sino el combustible más puro para su bienestar y su productividad.

Ahora, cuando ve a alguien almorzar a solas frente a un monitor, no puede evitar recordar su vieja rutina y preguntarse: ¿de verdad vale la pena cambiar la conexión humana por el aislamiento de una pantalla?

Alfredo Behrens Atril press
Alfredo Behrens es PhD por la Universidad de Cambridge, ha sido profesor de Liderazgo para grandes escuelas de negocios y publicó o fue premiado por las universidades de Harvard, Princeton y Stanford. Tiene cuatro hijas, y con su mujer Luli Delgado vive en Oporto, Portugal, desde 2018. Algunos de sus libros pueden ser comprados a través de Amazon. alfredobehrens@gmail.com

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