Gente que Cuenta

Lobos, corderos y leviatanes, por Victorino Muñoz

Franz Marc Atril press
Franz Marc,
Los lobos (guerra de Los Balcanes), 1913

En su Leviatán, Hobbes sintetiza la visión nefasta de la vida en sociedad, en una frase tan célebre como terrible: el hombre es el lobo del hombre. Con ello quiere enfatizar esa sensación que hemos tenido muchas veces de que cada persona parece pensar sólo en su propia ganancia, sin importar los demás, quiero decir, sin importar si la ganancia se logra a expensas del sufrimiento de los otros.

Por su parte, Locke, en el Segundo tratado de la sociedad civil, suponía que, al contrario, la asociación entre las personas nacía de la necesidad: ya que no todos podemos hacer todo, nos asociamos de manera que ayudar a otros con sus necesidades y que estos nos ayuden con las nuestras.

Las instituciones sociales cumplirían con la tarea de arbitrar y resolver ciertas cuestiones, buscando que las partes resulten satisfechas. Y claro, esto supone la necesidad de que los hombres deban gobernarse por la razón y el sentido común, y no sólo por sus apetitos. Autores como Rousseau, John Rawls, han suscrito esta tesis, le han añadido argumentos.

Cada quien tiene su visión, por supuesto, y toma partido. Muchas veces le daremos la razón a Hobbes, sobre todo cuando salimos a la calle a comprar los artículos para satisfacer nuestras más básicas necesidades, sentimos que estamos a punto de ser atacados a dentelladas por feroces lobos cuyas fauces están permanentemente abiertas. Por lo menos, nuestro exiguo presupuesto familiar termina siendo devorado.

Y estos lobos, cuando se les acusa de serlo, se vuelven mansos corderos y echan la culpa al mercado o al gobierno. Pero no acuda usted a las instituciones, porque éstas, o parecen haber sido creadas para defender los intereses de los lobos, o son regidas también por estos.

Como puede deducirse de las líneas que anteceden, yo también a veces pienso que Hobbes tenía razón. Pero en ocasiones sorprendo un gesto en la calle, una acción… Y termino por creer que ese otro mundo es posible, puesto que muchos, la mayoría de nosotros, que somos más víctimas que victimarios, actuamos movidos por esos impulsos de solidaridad y colaboración naturales de los que habla Locke.

Sin embargo, son momentos breves, que pronto pasan. Esa sociedad democrática, justa, igualitaria, que pensaron, idearon o avizoraron muchos, y muchos más después seguirán soñando, parece sólo eso: un fragmento de sueño que se desvanece más y más, a medida que despertamos.

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Victorino Muñoz
valenciano, autor de Olímpicos e integrados, ganador del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia del año 2012 y Página Roja, publicado en la colección Orlando Araujo en el año 2017.
rvictorino27@hotmail.com
Twitter:@soyvictorinox
Foto Geczain Tovar

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