Gente que Cuenta

No es nada Mamá, sólo es un juego – Luis Alfonzo

Con el episodio de la interrupción temporal de algunas plataformas de las redes sociales de esta semana, relativamente breve, pero global, al punto de parecer una hecatombe de eterna duración, quedo evidenciada nuevamente, la acentuada dependencia de estas generaciones a los modos virtuales de interacción.

Ni el volcán de Canarias, ni la lista de notables develada por los indiscretos “papeles de Pandora”, pareció tener el mismo tenor emocional del síndrome de abstinencia desencadenado por el súbito desfallecimiento del Facebook y el Whatsapp. Las taquicardias y la sensación de muerte inminente, temblor en las manos, irritación y otros indicadores del “mono” comunicacional, me recordaron de manera vivida, los criterios que quienes nos hemos dedicado al tema de trastornos por uso de sustancias, usamos para el diagnostico de quienes los padecen.

Al día siguiente del eclipse total de whatsapp, la prensa mundial se hizo eco de las declaraciones de una exempleada de Facebook en un celebre programa de la televisión estadounidense, acerca de algunas supuestas cuestionables prácticas llevadas a cabo por quienes manejan la plataforma para obtener máximos beneficios, a costa de mantener conectados durante mayor tiempo a sus incautos usuarios.

Si prestamos atención a las estrategias desarrolladas por los gurús de las plataformas de medios, las ofertas de cookies no requeridas, el encadenamiento de videos, memes y otros especímenes similares, que nos invitan a permanecer enchufados en series, vidas de influencers, chismes de famosos y truculencias varias, podemos vernos “sorprendidos” por la avalancha de ofertas de productos que deseamos, o creemos necesitar y que muchas veces es un secreto desconocido para terceros, salvo para quienes manejan los hilos de la madeja de las redes sociales.

Al igual que las estrategias usadas por las empresas dedicadas al negocio de drogas lícitas, como el alcohol o el tabaco, buen parte de los esfuerzos para promover el mercado de estos productos en línea, como los videojuegos, se orientan a los jóvenes consumidores, quienes desarrollan patrones conductuales con relación a ellos, análogos a los que muestran los bebedores y fumadores patológicos. No en balde, las autoridades sanitarias mundiales han incluido la dependencia del juego en la clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento.

La sociedad humana parece estar en el umbral de una pandemia insidiosa, de inciertas implicaciones, la cual, al igual que las llamadas infecciones oportunistas, se está perfilando como una más de las graves secuelas de la COVID-19.

Luis Alfonzo es médico psiquiatra, venezolano, quien ha transitado por la práctica clínica, la docencia y el desarrollo de políticas sobre salud mental y uso de sustancias.
alfonzoluis404@gmail.com

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