Gente que Cuenta

Pesadilla burocrática real, por Victorino Muñoz

El burócratas
Georges Rouault, 1871-1958
El burócrata

 

Burócrata: ¿Trajo los requisitos?

Ciudadano: Sí, todos los que pedían según la página.

Burócrata: Faltó la partida de nacimiento.

Ciudadano: ¿La partida…?

Burócrata: Sí, de nacimiento.

Ciudadano: Pero ahí no decía eso.

Burócrata: Es un requisito para todo.

Ciudadano: ¿Y para qué la piden, si ya yo soy mayor de edad?

Burócrata: Es un requisito.

Ciudadano: Sí, pero, nada más como curiosidad, ¿qué necesitan ver allí?

Burócrata: Es un requisito.

Ciudadano: Sí, ya me lo dijo. Pero, aparte de demostrar que nací (lo cual puede notarse)  y en qué fecha (también se lee en mi cédula), ¿qué cosa tienen que ver? ¿El nombre de mis padres?

Burócrata: Sí, eso.

Ciudadano: ¿Acaso van a incluir a mis padres en mi seguro?

Burócrata: Eso no es para los contratados.

Ciudadano: Entonces, ¿para qué les hace falta?

Burócrata: ¿Trajo o no trajo la partida de nacimiento?

Ciudadano: No, no la traje; ya le dije que no sabía.

Burócrata: No se puede sin ese requisito.

Ciudadano: ¿Y usted no puede procesar mis datos y después se la traigo?

Burócrata: No, hace falta ese requisito.

Ciudadano: Pero si yo tengo rato aquí en la fila, veo que usted lo que hace es agarrar la carpeta, la mete en esa caja y después se pone a escribir en la computadora; incluso les pregunta a las personas sin ver los documentos. O sea, no parece tan indispensable.

Burócrata: Claro que sí, es un requisito.

Ciudadano: Por favor, vaya agilizándome el proceso, para que pueda cobrar a fin de mes.

Burócrata (con la sonrisa triunfal del que tiene el poder de pisar a una cucaracha): No-se-pue-de-si-ne-se-re-qui-si-to.

Ciudadano: Una pregunta, hablando con franqueza, no se lo voy a decir a nadie: ¿y si alguien que le da un regalito?

Burócrata: ¿Algo como qué?

Ciudadano: ¿Ve? Entonces no es que no se puede…

Burócrata: Es la hora de cerrar. Vuelva mañana.

Ciudadano: Pero, si ni siquiera son las doce.

Burócrata: Según ese reloj, sí.

Cuando el ciudadano voltea, y vuelve a mirar, ya el burócrata se ha ido, dejando en la ventanilla de la taquilla un triste silencio.

El ciudadano está a punto de llorar. Otros ciudadanos en la cola lo miran con odio por haber pasado tanto tiempo discutiendo.

Un vigilante, en la entrada, se ajusta el cinturón en la gruesa panza, junta los talones, saca pecho (dentro de lo que cabe), y le da vuelta al letrerito en la puerta: “serrado asta las dos de la tarde”.

TELÓN

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Victorino Muñoz
valenciano, autor de Olímpicos e integrados, ganador del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia del año 2012 y Página Roja, publicado en la colección Orlando Araujo en el año 2017.
Foto Geczain Tovar

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