Gente que Cuenta

Pistola de papelillo, por Getulio Bastardo

Chaim Soutine Atril press
Chaim Soutine,
Dos niños en un camino, c.1942

Antes, en Venezuela los billetes de cien bolívares eran los de más alta denominación. Eran de color marrón, y quien tenía un “marrón“ en su cartera tenía poder.

Se acercaba la navidad, la familia era muy pobre, de allí que esa fiesta que se acostumbra para esas fechas estaba negada. No había niño Jesús, San Nicolás, menos; este ni se conocía y los Reyes Magos tampoco llegaban.
Pero los niños siempre sueñan con juguetes en cualquier momento. Él soñaba con una pistola de papelillo. Eran pistolas con un cilindro que giraba y se cargaban con una cinta de detonantes. Las pistolas no costaban más de 5 bolívares y las cintas de cien detonantes un real (Bs 0,50).

Era el mejor implemento para jugar “caman”, que era un juego de bandidos armados con los dedos en forma de pistola y vaqueros montados en palos de escoba con bridas de trapo, y quien tenía las pistolas era el héroe, el “muchacho” bueno de la película.

Ya el sol estaba en su plenitud en la mañana. El niño iba por un camino empedrado en un cocal que separaba un poblado de otro, llevando a otra niña, prima suya, a pasar el día donde una tía, quizás para aliviar la carga de una boca más; levantó la mirada y el sol lo deslumbró y le produjo un estornudo. La fuerza de ese golpe de aire le hizo bajar la cabeza violentamente, detuvo su andar y quedó mirando al suelo una vez que pasó el golpe. Había algo que se destacaba entre las piedras rojizas del camino; era un papel doblado de color marrón. Se inclinó lo tomo y desplegó, era un billete de cien bolívares. Lo empuñó muy duro y arrancó a correr como si lo estuviera persiguiendo el diablo. Llegó a su casa pálido y asfixiado. No podía respirar, menos hablar. Solo abrió el puño lanzó su secreto en el regazo de su madre inválida, quien también sorprendida, le preguntó con fuerza “¿de dónde sacaste esto, muchacho?”. Y él cuando al fin pudo responder dijo dónde, pero había que esperar hasta la tarde que llegara el padre para corroborar el origen y darle validez al hallazgo. Luego podía presumir de su par de pistolas pavonadas en fundas con arabescos y correaje con botones plateados y una buena provisión de proyectiles.

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Getulio Bastardo
Médico psiquiatra clínico, profesor universitario jubilado en Venezuela y activo en Perú, casado, con seis hijos y seis nietos. Soy un viejo feliz
getuliobastardo@yahoo.com.mx

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