
Bosque tropical con monos, 1910
Un homenaje al momento en que nuestros parientes aún presumían de apéndice…
Fuente: https://www.wikiart.org/
Hubo un tiempo, hace unos 25 millones de años, en que nuestros antepasados tenían algo que hoy hemos perdido por completo… ¿El sentido común? ¡No!: la cola.
Y no una decorativa como la de algunos perritos, sino un apéndice plenamente funcional que, de repente, decidió dejar de formar parte de nosotros.
Conviene empezar por ahí porque, aunque miramos alrededor y sobran indicios de que seguimos siendo primates, la ausencia de cola nos otorga una curiosa superioridad moral.
No sabemos exactamente qué pasó, pero la ciencia halló una pista diminuta para una gran desaparición. Investigadores descubrieron una pequeña secuencia de ADN llamada AluY, insertada en el gen TBXT, vinculado al desarrollo de la cola. Al combinarse con otra secuencia similar, alteró cómo se procesa ese gen en el embrión.
Claro que la cosa tiene su intríngulis: no hallaron «el gen que nos quitó la cola», sino una modificación que pudo contribuir a que desapareciera. La evolución, como cualquier oficina pública, rara vez funciona con un solo expediente. Tampoco está clara la ventaja exacta que obtuvo nuestro linaje, aunque pudo relacionarse con la forma de caminar.
Y aquí viene algo interesante: en los ratones, esa misma modificación genética hecha por los científicos también produjo defectos del tubo neural. Algunos nacieron sin cola y otros con colas más cortas. Es decir, puede ser que la evolución haya aceptado un costo a cambio de algo más: perdimos la cola y quizá pagamos un precio por ello. ¿Cuál sería?
Al final, es una gran metáfora de la vida. Uno cree que evolucionar es mejorar, pero la evolución no tiene planes ni diseñador; simplemente prueba, guarda lo útil y descarta lo demás. A nosotros solo nos queda el recuerdo: entre tres y cinco vértebras fundidas al final de la columna forman el cóccix, un pequeño monumento óseo a lo que fuimos… o tuvimos.
Así que, cuando alguien presuma de que el ser humano es la criatura más avanzada del planeta, no hace falta discutir. Basta con señalar discretamente hacia la espalda.
Después de todo, somos una especie de primates que logró perder la cola y quedarse, de recuerdo, con el huesito.