Gente que Cuenta

Tortilla de vegetales, por Leonor Henríquez

Tortilla de vegetales Atril press
“…Me sorprendió ver como esta mezcla traslúcida rescató a mis vegetales de la tristeza”

Yo creo que el huevo es el alimento más perfecto que existe; le sigue el cambur.

Manjares simples que siempre vienen al rescate.

En mi casa materna había una máxima “lo que haya se comparte”, y si se presentaban muchos comensales sin avisar y alguno quedaba fallo (casi nunca era el caso) lo resolvían con par de huevos fritos. Los cambures (bananas, maduros, guineo, plátanos, en otras latitudes) nunca faltaban.

El hecho es que hace poco abrí la nevera y como decimos en mi tierra, estaba como la Plaza Venezuela: agua y luz.

A veces mi refrigerador me recuerda al “cementerio de los elefantes”, pero en vez de ser el lugar donde los elefantes vienen a morir, es el lugar donde los vegetales vienen a morir.

A éstos les quedaba algo de vida, y al final descubrí unos huevos en un cartón oculto. Mi mamá también me enseñó que, “nada se desperdicia, nada se pierde, todo se recicla”, así que decidí prepararme una tortilla de vegetales.

Corté la cebolla magullada, un ajoporro que había visto mejores tiempos y unas espinacas tristes. Puse a calentar el aceite, mientras batía los huevos con un tenedor.

Cuando los vegetales se durmieron o más bien se despertaron agradecidos, vertí los huevos.

Y allí comenzó mi reflexión.

Me quedé mirando como ese fluido dorado y burbujeante se adueñaba del sartén.

Me sorprendió ver como esta mezcla traslúcida rescató a mis vegetales de la tristeza, de una muerte segura; una especie de resurrección.

Frente a mí, una sustancia mágica, con la capacidad de cohesionar, de llenar vacíos, de sacar lo mejor de cualquier cosa, de dar significado a una existencia casi acabada.

Al final no supe si estaba rezando o cocinando una tortilla.

Conste que no soy muy piadosa, pero me permití la analogía de pensar que, el huevo, como Dios, es alimento revitalizador y creativo.

En otras palabras, mi tortilla era, literal y metafóricamente, una divinidad.

Me la comí con gusto espiritual, me supo a gloria.

Como en aquellos días de infancia, me invadió una sensación de plenitud.

De postre me comí un cambur.

www.atril .press Leonor Henríquez
Leonor Henríquez (Caracas, Venezuela) Ingeniero Civil de profesión
(UCAB 1985).
Escritora y aprendiz de poeta por vocación.
Desde muy joven participó en talleres de escritura creativa en el CELARG, Caracas.
Sus ficciones fueron publicadas en la antología Voces Nuevas (1990-91), y
más adelante su testimonial, Existe la Luz (1995).
De su paso por la ingeniería surgieron sus Cuentos de Oficina (1997), otra manera de ver al mundo corporativo. Entre sus últimas publicaciones se incluyen sus
reflexiones sobre el duelo, Hopecrumb (2020) y “The Adventures of
Chispita” (2021), cuento infantil, una alegoría de la vida en el vientre materno.
Hoy en día comparte sus “meditaciones impulsivas” desde Calgary, Canadá, ciudad donde reside.
leonorcanada@gmail.com

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