
Imagen generada por la IA
Manolo me invitó a conocer a un hombre peligroso. Pero cuando el hombre apareció, se quitó los lentes y la gorra Stetson Hatteras, reconocí a Pepetón, un personaje de películas de éxito que cultivan una comicidad muy alejada del humor de Manolo.
─ Somos amigos desde los siete años ─ explicó Manolo al ver mi cara de estupefacción.
─ Pero usted es…
─ Un gran amigo de Manolo, es suficiente ─ Pepetón no me dejó terminar la frase
Recordando las películas que había visto de él, me sorprendía ahora este hombre rigurosamente serio que ni contaba chistes, ni hacía muecas; harto de su éxito y de su personaje y que me hizo prometer que no utilizaría nada del encuentro para una nota de prensa, artículo o post. Manolo avaló mi palabra y ellos se pusieron a conversar de los viejos tiempos y de cómo el antiguo compañero de Manolo se había convertido en Pepetón mientras Manolo seguía siendo Manolo.
Un hombre que estaba en la barra mirándonos insistentemente se acercó y miró de frente a Pepetón.
─ Disculpe… ¿nadie le ha dicho que parece el hermano gemelo de Pepetón?
─ Es que yo soy el mismo, caballero ─ dijo Pepetón con toda amabilidad
Sin embargo, el hombre curioso nunca creyó que fuera el verdadero Pepetón, sin importar los argumentos que este utilizara. El hombre estaba convencido de que simplemente o eran gemelos o se parecían enormemente. Vaya usted a saber por qué eligió no creer.
Me pareció que el asunto se iba a poner violento y quise mediar, pero la mano de Manolo en mi antebrazo y su discreto gesto de contención frenaron mi intento. Entonces Pepetón, sin perder la sonrisa, le propuso al impertinente tomarse un selfie para “aprovechar el extraordinario parecido” y que presumiera con sus amigos de ser muy cercano a Pepetón. El curioso pensó que era una idea maravillosa. Pepetón se puso la gorra y unas gafas de pasta gruesa e inmortalizó el instante abrazando a su “nuevo amigo” que se fue encantado.
─ Peor que no creer en nada es que nadie te crea ─ explicó Pepetón ─, y ese hombre me ha hecho pasar un mal rato, de manera que me parece justo que ahora él sea quien se tope con alguien que no le crea porque Pepetón ni usa gorra ni anteojos gruesos. En la vida recibes lo que das.
Manolo y Pepetón siguieron hablando tranquilamente. El hombre curioso manipulaba su teléfono seguramente enviando la imagen para envidia de muchos.
Y yo me quedé pensando que los cómicos pueden ser muy peligrosos. Manolo otra vez tenía razón.