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Gente que Cuenta

Te cuento que…
por Suzan Matteo 19/7

Final Argentina Espana Atril.press
“… de un Inglaterra-Argentina en el Mundial de 1966 nacieron las tarjetas amarilla y roja”.
Imagen generada por la IA

Hoy se juega la gran final de la Copa Mundial de la FIFA 2026™️, y España vuelve a disputar un título mundial por primera vez desde 2010 en Johannesburgo, cuando un gol de Andrés Iniesta hizo que un país entero descubriera que también se podía llorar de felicidad.

Ya conocemos al rival. Argentina llegó a la final después de un partido bravísimo frente a Inglaterra. La remontada llevó la firma de Lionel Messi, que volvió a demostrar que hay futbolistas capaces de cambiar un partido con un remate y otros, mucho más escasos, que lo transforman con un par de asistencias.

No deja de tener gracia que el último obstáculo argentino haya sido Inglaterra. Precisamente de un Inglaterra-Argentina en el Mundial de 1966 nacieron las tarjetas amarilla y roja. Después del enredo que provocaron las decisiones arbitrales de aquel encuentro, el árbitro inglés Ken Aston encontró la inspiración en un semáforo, para que veintidós adultos pudieran comunicarse sin problemas de idioma.

Yo, a estas alturas, no sufro con los resultados: tengo sangre francesa y española, vivo en Inglaterra y, para rematar, me encanta Messi. Me limito a disfrutar los encuentros y a buscar datos peculiares. ¡Y vaya si los hay en este Mundial!

Mi curiosidad favorita es esta: el césped del terreno donde se jugará la final en el MetLife Stadium de Nueva Jersey será vendido por la FIFA en pequeños fragmentos de colección a 450 dólares cada uno. Me pregunto si, al reunir todos esos cuadritos, podríamos reconstruir el campo o si, como ocurre con las astillas «auténticas» de la Cruz o con los incontables fragmentos del muro de Berlín, terminaríamos obteniendo algo mucho más grande que el original…

Tal vez eso somos: coleccionistas de momentos. Guardamos entradas, fotos o camisetas no por su valor material, sino porque estuvieron cerca de algo que nos hizo sentir vivos.

Y quizá por eso la FIFA venderá hasta el último pedazo de césped. No estará vendiendo hierba, sino un lugar donde cada comprador imaginará qué ocurrió en el instante que nunca olvidará. Al final, lo que queda de un Mundial no son los marcadores ni los récords; es la memoria. Esa que no se vende por 450 dólares porque, afortunadamente, todavía no han encontrado la manera de ponerle precio.

Los partidos duran noventa minutos; el Mundial termina cuando el árbitro pita el final, pero los recuerdos, si tienen suerte, son para toda la vida.

Suzan Matteo Atril press
Suzan Sezille de Matteo es caraqueña, cosecha del 52; ingeniero industrial aplicada al área social; esposa, madre de dos, que ahora abuelea y escribe desde Inglaterra. suzansezille@gmail.com IG @tomadodeaquiydealla

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