Vivir sin correr,
por Jeraige Reinoso
Vivimos en una época donde se desayunan noticias alarmantes, almuerzan preocupaciones y se acuestan revisando pendientes. El cuerpo, mientras tanto, intenta sobrevivir a una tormenta enmascarada, invisible desde afuera, pero que por dentro desgasta lentamente como el agua sobre la piedra.
El estrés crónico suele llegar silencioso, sin hacer ruido, se instala en forma de insomnio, cansancio constante, irritabilidad, tensión muscular, problemas digestivos o una sensación persistente de vivir “en alerta”, es como conducir un automóvil con el acelerador presionado todo el tiempo: tarde o temprano, algo comienza a fallar.
La ciencia ha demostrado que el exceso de cortisol —la hormona del estrés— puede afectar el sistema inmunológico, el descanso, la memoria, la atención y hasta los proces...






