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Gente que Cuenta

Te cuento que…
por Suzan Matteo 8/11

Monopolio Atril.press
“Parker Brothers compró los derechos de su patente por 500 dólares…”
Fuente: https://commons.wikimedia.org/

El miércoles pasado fue el día de uno de los juegos de mesa que nunca me gustó del todo, a pesar de que cuando lo jugaba, tal vez porque era muy joven, no captaba lo que implicaba. Se trata de un juego que nació para denunciar aquello que celebra con hoteles de plástico y billetes de colores: el Monopolio.

Pues me puse a investigar y leí que en 1903, la estadounidense Elizabeth Magie diseñó The Landlord’s Game, cuya patente obtuvo un año después. Inspirada en las ideas del economista Henry George, quería mostrar cómo la concentración de la propiedad y el cobro de alquileres podían enriquecer a unos pocos y empobrecer al resto. Incluyó dos formas de jugar: una competitiva, en la que un jugador podía arruinar a los demás, y otra cooperativa, en la que todos podían beneficiarse.

Adivinen cuál terminó siendo la favorita…

Su lección moral se perdió entre hoteles rojos y billetes falsos. Lo que quedó fue la adrenalina de arruinar al vecino. Al final, todos los implicados terminan igual: con la mesa llena de billetes arrugados, los ojos brillando por la victoria o el despecho, y la certeza de que el dinero siempre desnuda a la gente.

El juego circuló durante años, con distintas versiones y nombres. En los años treinta, Charles Darrow conoció una de esas versiones, la adaptó con calles de Atlantic City y comenzó a comercializarla. Parker Brothers rechazó la propuesta al principio, pero después vio el potencial del negocio y en 1935 lanzó el Monopoly a gran escala. Darrow fue presentado como su inventor y se convirtió en millonario.

¿Y Elizabeth Magie? Parker Brothers compró los derechos de su patente por 500 dólares. No recibió regalías y su nombre quedó fuera del tablero. Su contribución tardó décadas en recuperar el puesto que merecía.

La ironía es completa: una mujer creó un juego para explicar los peligros de los monopolios; un hombre se hizo famoso comercializándolo y una empresa convirtió aquella crítica en un imperio. La historia terminó siendo una partida de Monopoly en sí misma, solo que Elizabeth Magie ni siquiera pudo cobrar alquiler por pasar a la historia.

Quizá por eso nunca me gustó demasiado este juego. Ahora entiendo que, además de perder dinero, podía estar participando en una lección de economía bastante peculiar. Y lo peor es que, al terminar la partida, nadie devuelve lo que le ha quitado al vecino.

Suzan Matteo Atril press
Suzan Sezille de Matteo es caraqueña, cosecha del 52; ingeniero industrial aplicada al área social; esposa, madre de dos, que ahora abuelea y escribe desde Inglaterra. suzansezille@gmail.com IG @tomadodeaquiydealla

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