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Moscow rules,<br/> por José Manuel Peláez
José Manuel Peláez, 281c

Moscow rules,
por José Manuel Peláez

Manolo me invitó a sentarme e hizo lo propio mientras cerraba un libro y se quedaba mirando la pared con aire ausente. No me gustan los silencios y rápidamente me puse a buscar en qué perder el tiempo. Sobre el apoyabrazos del sillón encontré un ejemplar de “El topo” de John Le Carré, uno de los novelistas de espionaje más reconocidos. Hacía unos años, en una debilidad de mi amigo, me confesó que siempre quiso ser espía porque era una encantadora manera de descubrir secretos y lo secreto siempre es fascinante. Pero ser espía también era peligroso y Manolo apreciaba mucho estar vivo y completo. - ¿Sigue pareciéndote bueno? — le pregunté señalando el libro. - Cada vez que lo leo me hace pensar en algo nuevo… ¿puede haber algo mejor? En esta última lectura, Manolo se había topado otr...
Con y sin casa,<br/> por Helena Paneyko
Helena Paneyko, 281c

Con y sin casa,
por Helena Paneyko

En un jardín húmedo, donde la tierra olía a bosque recién despertado, vivían dos pueblos antiguos: el Pueblo de los Caracoles con Casa y el Pueblo de los Caracoles sin Casa, también llamados babosas. Los caracoles con casa avanzaban como si midieran el mundo con una regla invisible. Llevaban sobre la espalda una espiral perfecta, una biblioteca mineral donde cada vuelta guardaba un recuerdo. Las babosas, en cambio, caminaban desnudas. No tenían armadura, ni biblioteca, ni escudo. Pero tenían algo que los caracoles envidiaban: libertad absoluta. Una noche, una babosa joven preguntó a un caracol anciano: —¿Por qué ustedes llevan casa y nosotros no? El caracol respondió: —Porque hace miles de años, cuando el mundo era nuevo, todos teníamos casa. Pero algunos decidieron que l...
El sendero IV,<br/>  por Harold Vas
Harold Vas, 281c

El sendero IV,
por Harold Vas

El sendero I El sendero II El sendero III El bosque fue abriéndose hasta desembocar en una gran pradera. El sol ya estaba alto y el calor hacía temblar el aire sobre la hierba. A lo lejos, varios bisontes pastaban desperdigados. Uno de ellos se había separado del grupo y avanzaba hacia el sendero. Nos detuvimos. El bisonte caminaba sin prisa, con la cabeza baja y los hombros enormes balanceándose a cada paso. Llegó hasta una franja de tierra desnuda que atravesaba el prado. No era un camino hecho por personas, sino una de esas sendas estrechas que los animales abren al pasar una y otra vez por el mismo lugar. El bisonte puso una pata sobre ella. —¿Sabes adónde conduce? —le pregunté. —Sí. —¿Cómo puedes estar seguro? —Porque la he caminado. —Pero alguien tuvo qu...
Jardines acuáticos,<br/> por Lucy Gómez
Lucy Gómez, 281c

Jardines acuáticos,
por Lucy Gómez

Nacieron de la necesidad de regar plantas en algunos terrenos de una manera constante y hermosa. Eran pozos, estanques o manantiales en las inmediaciones de edificios públicos y templos. Se fueron complicando cuando les agregaron canales, balsas, esculturas y fuentes. Las formas cuadradas y rectangulares, con pasos por encima y sitios para sentarse, llegaron de la India y de Oriente. Y así, llegó el momento en que fue posible hacer un jardín acuático de cualquier tamaño, porque lo más importante es que estuviera donde las plantas recibieran sol, ya que todas las acuáticas necesitan mucha luz para crecer y protegerse del viento. Hoy es posible tener un jardín así en un espacio reducido, inclusive en interiores, usando recipientes que tanto se pueden armar en casa —sabiendo un poco de ...
Chicha de giñapo,<br/> por Getulio Bastardo
Getulio Bastardo, 281c

Chicha de giñapo,
por Getulio Bastardo

Nos ocurrió en uno de esos viajes a Arequipa. Fuimos a un restaurante donde se ofrecía una degustación de varios platos. No se trataba de sentarse a comer y esperar el siguiente servicio. Allí, cada preparación tenía su propia historia. Una anfitriona, uniformada, amable y muy simpática, se encargaba de presentar cada plato y narrar su origen o el significado de los elementos que lo acompañaban. La comida llegaba a la mesa como una pequeña representación, cuidadosamente dispuesta para que también los ojos participaran en la experiencia. Los platos se adornaban con piedras, conchas marinas y ramitas de vegetales secos, elegidos de acuerdo con la historia que se contaba. Aquellos elementos, que en otras circunstancias podrían haber parecido simples adornos, adquirían allí un sentido pa...
Te cuento que… <br/> por Suzan Matteo 8/11
Suzan Matteo, 281c

Te cuento que…
por Suzan Matteo 8/11

El miércoles pasado fue el día de uno de los juegos de mesa que nunca me gustó del todo, a pesar de que cuando lo jugaba, tal vez porque era muy joven, no captaba lo que implicaba. Se trata de un juego que nació para denunciar aquello que celebra con hoteles de plástico y billetes de colores: el Monopolio. Pues me puse a investigar y leí que en 1903, la estadounidense Elizabeth Magie diseñó The Landlord’s Game, cuya patente obtuvo un año después. Inspirada en las ideas del economista Henry George, quería mostrar cómo la concentración de la propiedad y el cobro de alquileres podían enriquecer a unos pocos y empobrecer al resto. Incluyó dos formas de jugar: una competitiva, en la que un jugador podía arruinar a los demás, y otra cooperativa, en la que todos podían beneficiarse. Adivine...