Gente que Cuenta

Adversidades y malas rachas, por Luli Delgado

Henri de Vulcop Atrill press
Henri de Vulcop?
La fortuna girando la rueda,
c. 1460 – 1470

Visto desde lejos, yo creo que los juegos de apuestas envician porque a fin de cuentas se parecen mucho a la vida. Y cuando pierdes, la diferencia es que en el juego se llama mala racha, y en la vida, adversidad.

Es que la fuerza con la que quien apuesta cruza los dedos para que gane el cinco, debe ser muy parecida a la que cada uno de nosotros pone cuando cruzamos los nuestros para que: “no llueva”, “me llame”, “no sea nada”, “lo aprueben”, “no se note”, “pase rápido”, y por ahí sigue la lista.

El que juega, va siempre al que le parece mejor, pero no sabe si el caballo rengo es el que va a terminar con el aro de flores y las fotos del triunfo. ¿Y en la vida no pasa algo parecido?

Tratamos racionalmente de elegir lo que pensamos que más nos conviene y actuamos de la manera que sentimos que es más acorde con nuestra opción. A veces suena la flauta que queremos y somos felicísimos, pero hay oportunidades en las que, sin terminar de entender por qué, perdemos sin apelación posible.

Entrelazadas como hadas y brujas, las adversidades, o las malas rachas, halan para un lado y para el otro una historia que, si bien no les pertenece, tampoco nosotros, sus legítimos dueños, tenemos la más mínima capacidad de dominar.

Aun así, vivimos con la pueril actitud de que somos nuestros propios dueños y que la suerte de cada uno está en sus propias manos, como los ases o los números premiados están en las de los jugadores.

Y ni unos ni otros bajamos la guardia. Que hayamos perdido no quiere decir que la suerte nos va a ser adversa para siempre, y partiendo de esta premisa nos tiramos de nuevo al ruedo, puede que con algo de miedo, pero siempre en el entendido de que seguir apostando es mucho mejor que quedarse con la pérdida.

La insistencia de querer ganar, que en los jugadores compulsivos se conoce como ludopatía y se trata como enfermedad, los demás mortales la llamamos resiliencia, la consideramos una de las actitudes claves del éxito personal y hacemos lo posible porque nuestros hijos la adopten como práctica cotidiana.

Pero tampoco podemos ser tan críticos por tener esa actitud frente a lo que después de todo fue la primera condición que nos pusieron al llegar a este mundo. Es que, si no, no tendríamos cómo salir a la calle todos los días a sortearnos el pellejo, como quien atraviesa un río de piedra en piedra, sin saber si va a haber una que se ruede y provoque el resbalón.

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Luli Delgado es periodista venezolana, Master en Artes de Cine y  Video – por The American University, Washington, DC.
Fue Directora Ejecutiva de la Fundación Andrés Mata de El Universal de Caracas, y Gerente del Centro de Documentación de TV Cultura de São Paulo. Es autora de varios libros y crónicas.
delgado.luli@gmail.com

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