El mejor deseo,
por José Manuel Peláez
De vez en cuando hago una limpieza “histórica” de mi pequeño apartamento, una limpieza en la que detecto infinidad de cosas que he ido acumulando porque creo que en algún momento las voy a usar. Descubro que ni las he usado, ni las voy a usar y me deshago de ellas, no sin cierta nostalgia, por supuesto.
Ayer dediqué mi día libre a la limpieza histórica de este año, aunque en realidad no la hacía desde hacia tres años. Fui metiendo en una bolsa bolígrafos secos, libros ilegibles, corchos de botellas de vino que supuestamente debían recordarme alguna ocasión especial ya olvidada, cintas de video obsoletas, blocks con anotaciones risibles y todo iba muy bien hasta que llegué a la lámpara.
La había comprado hace dos años, cuando paseando un domingo con Manolo por un cambalache callejero,...






