Maestros,
por Leonor Henríquez
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La cumpleañera llegó luciendo un vestido vaporoso con un estampado de flores y mariposas.
La felicité con un cariñoso abrazo y ella siguió revoloteando, ingrávida, entre sus invitados.
En verdad no conocía a casi nadie, así que me senté tímidamente a observar la fiesta. La mesa de dulces atrajo de inmediato mi atención. Una gran torta de cumpleaños se alzaba en el medio, acompañada de una variedad de bocados irresistibles.
Me serví un platico lleno de tentaciones y cerré los ojos, deleitándome.
Allí fue cuando algo extraño pasó.
Una gran algarabía me sorprendió. Los convidados al festín me tomaron de las manos y me invitaron a jugar con ellos.
Yo no ofrecí resistencia y me uní a sus alegres canciones y correteos. Sí, súbitamente éramos todos n...






