Te cuento que…
por Suzan Matteo
Hay días que invitan a pecar aunque sea un poquito.
Ayer, 22 de noviembre, Santa Cecilia tocaba su arpa en el calendario y nos recordaba que hubo un tiempo en que la música servía para salvar almas. Hoy, domingo 23, llegó el Día Internacional del Café Expreso: esa otra forma, más terrenal, de redimirlas. Dos días seguidos para gozar (uno celestial, otro mundano). El primero nos inspira y eleva; el segundo nos despierta y nos pone las pilas.
Santa Cecilia, mártir y patrona de los músicos, fue decapitada por negarse a renunciar a su fe. Cuentan que, mientras moría, seguía oyendo cantar a los ángeles. No me declaren blasfema, pero yo sospecho que, si hubiese tenido a mano un buen espresso, también habría resistido mejor el suplicio. En el fondo, fe y cafeína son parientes cercanos: amba...












