Gente que Cuenta

El blanco más blanco – Lucy Gómez

 

 

Postal de propaganda de AEG, mostrando a la actriz y bailarina Edmonde Guy con una aspiradora, c.1929

Hay dos tipos básicos de ama de casa. A la que le gusta limpiar, arreglar, cocinar y hacer que todo brille. Y la que no es que lo odie, pero más bien lo ve como una función añadida, como algo que “tiene” que hacer sin especial entusiasmo u orgullo.

El reconocimiento a ese trabajo fue una presea muy preciada en el pasado y lo sigue siendo.  Véase el éxito de influencers como la japonesa Marie Kondo, que enseña como tener la casa más   linda aprendiendo a doblar, ordenar y botar lo inservible con gracia, en sus cuatro libros superventas  y  programas de tv. Hay culturas donde tiene un valor añadido y espiritual como la  ortodoxa hebrea. Es otro nivel. Muchos creen que las labores “domésticas” son parte esencial de la condición femenina.

Para mí, no. La habilidad y el gusto por cuidar la casa es un tema de nacimiento, como nacer con oído musical.

La habilidad y el gusto por cuidar la casa es un tema de nacimiento, como nacer con oído musical

Uno canta perfecto, baila desde pequeña sin pisar a nadie o desafina en segunda voz y tienen que enseñarle a mover las caderas. Yo nací con una indiferencia suprema a las glorias de la limpieza casera. Por supuesto que lavo, limpio y he fregado mucho, pero cuando he podido   me he zafado del tema y le he encargado el asunto a profesionales que lo hacen muchísimo mejor o a las adictas a dejar las ollas brillantes.

Como he caído en unas cuantas casas de esas ”casiperfectas”, he tenido la ocasión de recibir varias críticas muy cómicas. Desde un novio de mi hija que comentó asombrado que con mi acumulación de libros, papeles y cajas mi hogar parecía el apartamento de una estudiante, hasta la de otra amiga,  que llegando a un sitio  donde estaba de visita inspeccionó una ventana y pasando el índice por el vidrio como una suegra de music hall, recogió polvo y se ofreció a ayudar a limpiarla, porque ese tipo de cosas “  no le gustan a las madres” .  A lo que le contestó rápida la dueña de casa: “ ¿Ella? Ni se da cuenta. Su nivel de desorden está mucho más abajo que el de nosotras.”  Sin saber si había recibido un piropo o un insulto, resolvimos todo con sonrisas y nos pusimos a tomar café.

Como será que una vez, alguien muy querido me comentó que mi sala le parecía un estacionamiento. Y años después, cuando trajo sus cosas en una caja de cartón y miró los rincones sin saber dónde ponerla le dije muerta de la risa, que la pusiera donde quisiera… “total, son las ventajas de vivir en un estacionamiento”.

He hecho todo lo posible. He comprado revistas de decoración, ví con atención  propagandas de cloros y detergentes.  Pero no hay caso. Tener “el blanco más blanco” ni me preocupa, ni me llama la atención.  Esa frase nunca estará en mi lápida.

 

 

Lucy Gómez es periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela. Fue redactor jefe y sección política de varios periódicos de Caracas y Valencia durante más de veinte años.
Lucygomezpontiluis@gmail.com

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