Gente que Cuenta

El primer aguacate – Luis Alfonzo

Pierre-Joseph Redouté (1759-1840).

ler em português

 

 

 

 

 

Cuando era niño, mi mamá tenía una vecina un poco esotérica y muy dada a creer en espantos y supersticiones, quien tenía una frase la cual solía repetir cuando hacía referencia a personas intrépidas y muy dadas al ensayo de nuevas experiencias: “este tiene más bríos que el que se comió el primer aguacate”. Con ellos se refería al miedo y al arrojo que implicaba atreverse a comer por primera vez esa desconocida y monótona fruta verde, sin aroma, de aspecto externo poco llamativo y hasta enigmático, pero que encierra delicias hasta entonces desconocidas.

Comenzar en una nueva escuela, acompañado en el camino por la infaltable sensación de vacío en la boca del estómago, el temblor y sudor frío en las manos, las palpitaciones, el embotamiento, la lucha entre salir corriendo o quedarse como muerto en el sitio y echando mano del recurso mágico de caminar por la acera, procurando no pisar las rayitas del piso, para evitar el temido apocalipse.

Los psiquiatras, psicólogos y otros oficiantes de las ciencias de la conducta, tenemos una particular afición nominativa, la cual se remonta a tiempos inmemoriales. En este afán desmedido por asignarle nombres indescifrables a las experiencias cotidianas, llegamos a construir familias de conceptos, algunos como en el caso de las fobias, resultan ser tan extensas, que podrían competir en dimensión y diversidad, con la estirpe de los Buendía en el universo de Macondo.

Las fobias son el apellido común de una colección de miedos desproporcionados a cosas y situaciones, las cuales aportan variedad de apelativos, algunos de ellos muy singulares. Por ejemplo, la “Acro-fobia”, nombre y apellido que se le asignan al miedo extremo a las alturas, el cual puede dispararse al asomarse a un balcón, pararse en el extremo de un trampolín o caminar por el piso de cristal translucido de la CN Tower de Toronto, dependiendo del presupuesto. Uno de los parientes más populares en la familia de las fobias, es el temor asociado a las ‘primeras veces’, infaltable acompañante de los ritos de iniciación.

Solo comparable al pavor que antecede a la primera vez, es la sensación de distensión que acompaña a la consumación de la tarea, al atravesar el umbral, el paso hacia la Tierra Prometida. Eso es como lo que sentimos al bajarnos de la montaña rusa, a la que me vi obligado a subirme por primera vez, bajo una especie de trance hipnótico, medio paralizado de terror, pero atizado por la vergüenza, en respuesta a la inocente invitación de mi hija, quien es fiel admiradora de estos artificios de tortura. Al final, luego de varias repeticiones y ensayos con varias modalidades de montañas rusas y de otras nacionalidades, confieso que le tomé el gusto al asunto.

En el último año, la pandemia del COVID-19 ha reactivado miedos ancestrales y puesto en evidencia nuestra fragilidad. No deja de sorprender, el absurdo temor a las nuevas vacunas, desarrolladas con admirables tecnologías, producto de años de investigación. Hemos visto como los gobiernos de algunos países ofrecen viajes en Uber, premios, tiquetes de descuentos para parques temáticos (otra vez las montañas rusas), amen de otras chucherías, para convencer a la población de que se vacune.

Todavía prefiero comer aguacates, que subirme a montañas rusas, pero  ya me vacuné, y lo mejor de todo, acabo de terminar de escribir esta nota. La primera.

.

Luis Alfonzo es médico psiquiatra, venezolano, quien ha transitado por la práctica clínica, la docencia y el desarrollo de políticas sobre salud mental y uso de sustancia

alfonzoluis404@gmail.com

Leave a Reply