Gente que Cuenta

Esos libros que esperan – Álvaro Ríos

Era una tarde fresca. El sol brillaba indiferente y los árboles danzaban. Pasando la calle 23 surgió la plaza. Me detuve en la esquina y observé a los libreros. En otro tiempo, a esa hora, el rostro era distinto. En la actualidad parece como si la gente hubiese olvidado cómo llegar.

Me detuve en el puesto de Fran. No estaba. Dijeron que el covit lo puso fuera de servicio. El señor de al lado expresó que de todas maneras las ventas daban lástima. Quizá un día de estos nos echen de aquí y terminen poniendo un bodegón, señaló la señora que atiende un poco más allá. Quise decir algo, pero callé. Miré algunos lomos: autores raros, novela negra, ciencia ficción y otros títulos que poco invitaban a seguir revisando. Lo que antes era un paraíso ahora es un desierto. Antes, con poco dinero, se podía pescar clásicos. Era una bendición asistir a la plaza. Incluso los visitantes de paso se iban contentos.

Siempre fui un perseguidor de libros. Pero en aquel momento el instinto voló: el ojo ya no es el mismo de antes. Sin embargo, hoy en día mi casa es un libro. Está hecha de ellos. Es como una trinchera donde puedo sumergirme. Parece un contador de vida, una memoria repleta de recuerdos, un refugio. Bucear en la biblioteca me permite ser feliz, pero sobre todo me ayuda a escribir…

Hoy la emoción se ha esfumado; no obstante, siempre cargo el bolso por si acaso aparece un título que ilumine mis ojos. De encontrarlo, me río, lo llevo casa, lo limpio, lo examino a vuelo de pájaro y enseguida le busco cupo en los estantes.

Hace algún tiempo un amigo me preguntó si había leído todos esos libros. Le respondí que no, que quizá un tercio, pero que el resto vibraba y me hacía guiños, incluso me pedían a gritos que los tomara, aunque sólo fuera por un rato.

Esos libros que esperan cumplen una función: aguardan en silencio. Cada uno simboliza el lugar mágico donde es imposible existir. Y aunque jamás podré leerlos, me ennoblecen tanto como los que alguna vez leí. Ojalá sobrevivan y logren escapar de la humedad y las polillas, hasta que alguien, tal vez uno de mis hijos, los libere del polvo y del olvido.

De ser así, más delante de seguro harán reír a otros.

Álvaro Ríos. Maracay, Estado Aragua, Venezuela, 1965. Vive actualmente en Barquisimeto, Estado Lara. Es Ingeniero Electricista, Profesor Universitario y Escritor de cuento, poesía y ensayo. Es autor de los libros Sendero de Sombras (poesía), Efimerario (brevedades), Dilemas en el aire (poesía) y Criaturas Mínimas (cuento). Ha sido colaborador de los diarios “El Impulso” y “Diario de Lara” en la ciudad de Barquisimeto. Algunos de sus cuentos han sido publicados en el portal “Letralia”.
alv_rios@yahoo.es

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