News That Matters

Álvaro Ríos

Una consulta celestial, por Álvaro Ríos
51a, Álvaro Ríos

Una consulta celestial, por Álvaro Ríos

Cuando dejamos de existir nos convertimos en espíritu. A partir de ese momento pasamos a cohabitar en el plano celestial, claro, siempre y cuando Pedrito, el que vigila la entrada, nos deje pasar.De modo que allí, donde quiera que se encuentre ese lugar, pudiéramos hallar, en teoría, desde un Thales de Mileto hasta un Fred Astaire. Imaginen por un momento algunos encuentros: William Wallace, con un escocés en la mano, contándole su desdicha a Margaret Thatcher; o a Sartre formulando todo tipo de preguntas a Platón; o a Cortázar dándole a probar un mate a Poe mientras conversan animadamente.Hace poco, mientras leía una biografía de uno de los hombres más inteligentes de la historia, se me ocurrió que en ese lugar que antes mencioné el tipo debe seguir en lo mismo: haciendo de ingeniero, esc...
Bestiario, por Álvaro Ríos
52c, Álvaro Ríos

Bestiario, por Álvaro Ríos

Mi nombre es José y soy escritor.Bueno, solía serlo, pero eso quedó atrás, ahora disfruto del paraíso, sobre todo de los conversatorios literarios que de vez en cuando se hacen por aquí…Hace poco, unos amigos me pidieron que les contara la anécdota sobre aquel asunto del Bestiario, uno de los mejores libros que se escribieron en México en el siglo XX y que por poco se queda en el tintero.Nunca pensé en conocer a Juan, su autor, al menos personalmente. Para entonces la literatura ocurría en otro lado, en un sitio inalcanzable y al que sólo se podía ingresar gracias a unas revistas que editaban algunas universidades.Un día, Carlitos, el Monsi, gran amigo, leyó unos cuentos míos ante un pequeño auditorio. Al finalizar dijo:—Deberías mostrárselos a Juan.—No me atrevo —le dije—, ¿tú crees?—¡Ton...
Lo que Federico no dijo sobre Mercurio, por Álvaro Ríos
49a, Álvaro Ríos

Lo que Federico no dijo sobre Mercurio, por Álvaro Ríos

Me considero una persona serena. Pocas situaciones en la vida me han hecho agarrar calenteras. Hace poco, mientras me disponía a iniciar una jornada más de trabajo, recibí la visita del amigo Rossitto. Dijo que debía reunirse con mi jefe, pero, como sucede a veces, el amo es el último en llegar. Le dije que podía esperar en mi oficina, que por favor tomara asiento. Me llamó la atención que además del maletín vapuleado por el tiempo llevaba consigo un libro: “La carpa y otros cuentos” del escritor venezolano Federico Vegas. —¿Es bueno? —pregunté. —¿Qué cosa? —El libro, ¿qué tal? —Bastante regular… —Mira —le dije—, el jefe acaba de llegar. Ve y abórdalo de una…, pero déjame el libro para echarle un vistazo. Puso el libro sobre mi escritorio y se largó a la geren...
El regreso del hombre invisible, por Álvaro Ríos
48a, Álvaro Ríos

El regreso del hombre invisible, por Álvaro Ríos

Mucha gente dice que me parezco a Kevin Bacon. La verdad no sé por qué afirman semejante atrocidad. Además, ¿cómo pueden decir eso si nunca me han visto?Desde que ocurrió lo de la transformación no me quedó otro camino que desaparecer. Mis amigos de la universidad me aseguraron que el experimento era reversible. ¡Reversible un rábano!Para ser honestos, debo decir que me gusta vivir de este modo; sin embargo, añoro el pasado, sobre todo mis encuentros con Elisabetta, mi novia de toda la vida: tengo un deseo enorme de estar con ella. Hace poco se me ha ocurrido la idea de enviarle una carta. Ustedes se preguntarán por qué no uso el email, o mejor, sus redes sociales. Recuerden mi situación: no existo, al menos desde el punto de vista sensorial. Tampoco puedo ir a un cyber y alquilar un compu...
Sin un rastro de sangre, por Álvaro Ríos
45a, Álvaro Ríos

Sin un rastro de sangre, por Álvaro Ríos

Cada sábado, sin falta, la señora Gisela entra muy temprano a la panadería y hace su pedido. Una vez servida, pasa por nuestra mesa y saluda al profesor Chaviel quien, desde hace muchos años, se reúne conmigo para conversar sobre literatura.Hoy, sin embargo, ha permanecido un poco más, pues desea exponer un problema a su amigo.—Profesor, necesito hacerle una consulta. ¿Dispone de algo de tiempo para una camarada? —preguntó.—Claro. Usted dirá.—Pues, mire, quisiera pedirle un favor. Se trata de mi hija. La pobre lleva encerrada un par de meses. Desde que aquel hombre la devolvió no ha querido salir de su cuarto. Dice que lo único que quiere hacer es leer y escribir…—A ver, a ver, ha dicho usted, desde que la devolvieron, ¿eso dijo?—Eso dije, ¡sí señor!—¿Me toma usted el pelo?, mire que ya no...
Fiesta, por Álvaro Ríos
44a, Álvaro Ríos

Fiesta, por Álvaro Ríos

 ¿Fiesta?Emigrar es un asunto serio, más si se tiene la edad que yo tengo.—Será como ir a una fiesta —dijo un amigo.La realidad se impuso de otra manera…Acabo de recordarlo ahora, cuando con asombro he llegado a creer que algunos escritores se copian mis vivencias.Pero, ¿cómo es posible?A Salvador Fleján lo conozco por referencias; y sin embargo, al leer su libro “Miniaturas Salvajes” me he dado cuenta que uno de sus cuentos muestra justo lo que a mí me pasó. Bueno, no exactamente, pero vaya que las similitudes son inquietantes:Emigré porque ya no soportaba a Elena, mi esposa. Ella la pasa bien. Tiene cierta holgura financiera pues es dueña de una modesta residencia para chicas universitarias. En cuanto a mí, desde que perdí el empleo me ha tratado a las patadas.Un día, cansado de tanto ma...
La niña del cundiamor, por Álvaro Ríos
42a, Álvaro Ríos

La niña del cundiamor, por Álvaro Ríos

A mí nadie me engaña. Bueno, eso creo. Entiendo que tal rasgo lo heredé de la abuela. En su caso era una tarea casi imposible. Hoy en día es difícil que alguien pueda engañarme, pero hace años, cuando era un adolescente, una niña —que quizá no lo era—, pudo hacerlo. Todo comenzó cuando viajé con mi abuela de vacaciones a un pueblo del oriente del país. Siendo pasajeros de un Mercedes —porque, aunque ustedes no lo crean, aquel autobús era un Mercedes—, en medio de una molestia mi abuela me pidió que le sostuviera un libro, una edición de la obra de un escritor venezolano de origen oriental. Abrí el libro y entonces algo me llamó la atención: —¿La niña del cundiamor? ¿Cundiamor con “i”? —pregunté. —Así le dicen los orientales —dijo la abuela. —Pero, Andrés Bello, ¿qué d...
El galán desmemoriado, por Álvaro Ríos
40a, Álvaro Ríos

El galán desmemoriado, por Álvaro Ríos

Hace unos meses mi gran amigo José Pulido envió un mensaje a mi correo personal. Entre otras cosas me invitaba a colaborar con la página Atril Press mediante el envío de textos breves. Además, hacía referencia a que mi estilo irónico con toques de humor podría ser de interés para muchos lectores en la red. Le agradecí el gesto y de inmediato le escribí a Luli —la dama que se encarga de administrar la página—, quien me dio a conocer las normas de publicación y finalmente expresó que con gusto recibiría mis trabajos. Ese mismo día, al final de la tarde, intentaba redactar un cuento para dicha página, cuando de pronto sonó el móvil: —Aló. —Disculpe, —dijo una voz de mujer—, ¿hace poco le han extraído el apéndice? —Sí. Pero, ¿quién es, de dónde llama? —Mi nombre es Fabiola y...
Farmacia literaria por Álvaro Ríos
38a, Álvaro Ríos

Farmacia literaria por Álvaro Ríos

Ayer, mientras revisaba el Facebook, observé un anuncio bien curioso:“Te receto un libro”. El asunto trata sobre una dama que aconseja un libro, pero no uno cualquiera, sino el requerido por el lector. Es de admitir que la persona padece alguna patología, de modo que leer le ayudará a reponerse.Otra posibilidad es que el interesado, deseoso de ingresar al mundo de las letras, solicite una asesoría que le permita dar con el libro que más le conviene de acuerdo a sus gustos e intereses…Lo anterior me hizo recordar cuando Josefina, mi amiga del club de lectura, regresó de unas vacaciones en España. Nos sentamos en un café y de inmediato sacó un libro de su bolso:—Toma —dijo—, es un presente.—¿Raffi Reig? —Pregunté—, y ese, ¿quién rayos es?—No lo sé. ¡Averígualo!Al día siguiente lo revisé. Con...
Teoría de gatos – Álvaro Ríos
36a, Álvaro Ríos

Teoría de gatos – Álvaro Ríos

Hace mucho tiempo, mientras leía un libro de ensayos de Andrés Mariño Palacio, sentí curiosidad por saber si el autor tenía algún tipo de afecto por los gatos. Aquel libro representó una rara e interesante reliquia, un portento que insinuaba, desde mi punto de vista, cierto escepticismo: era difícil creer que hubiera sido escrito por un joven de veinte años. Cosas de genios, tal vez fue el Rimbaud venezolano y nadie lo advirtió, pero eso es otra historia que alguien versado en el tema nos contará más adelante… En cuanto a la obra, tenía una característica especial: los textos detonaban con lucidez, sobre todo cuando se refería a ciertos aspectos de las obras de Urbaneja Achelpohl, Uslar Pietri, Pocaterra, Hesse, Gide, entre otros. En medio de tanta sensibilidad intelectual hub...
Ausencia de interrogantes – Álvaro Ríos
34a, Álvaro Ríos

Ausencia de interrogantes – Álvaro Ríos

¿Cómo llegué aquí? Vaya usted a saber… Sólo sé que vengo del futuro. Sí, no se ría ni arrugue la cara, le recomiendo incluso que haga a un lado el nerviosismo pues no soy Terminator ni nada por el estilo. Más bien soy un pacificador: me encanta la paz y apuesto por ella. Tampoco piense que soy un personaje que escapó de La plaga escarlata de London, o de alguna novela de Asimov. Aunque, aquí entre nos, Vonnegut me agrada más: el tipo aburre, pero cuando uno menos lo espera, introduce un buen chiste y eso reanima al lector. Decía que vengo del futuro. En aquel tiempo soy un anciano a cargo de varios adolescentes que mi esposa y yo logramos proteger del hongo, una explosión brutal que varios idiotas decidieron mostrar al mundo, al mundo de antes, quiero decir…, o sea, el de...
El nudo de la corbata – Álvaro Ríos
32b, Álvaro Ríos

El nudo de la corbata – Álvaro Ríos

Soy un gran admirador de César Aira, creo que es el mejor novelista latinoamericano de hoy en día. Claro, puedo estar equivocado, pero, ¿a quién le importa? Imagino que si a usted le apasiona el tenis daría cualquier cosa por conocer a Roger Federer, o a Brad Pitt si ama el cine. En mi caso daría lo que fuera por conocer a César Aira, de sólo pensarlo me emociona. Pues bien, a mí me pasó. Fue hace un par de años, cuando fuimos a instalar un cable de fibra óptica desde La Plata hasta Bahía Blanca en la República Argentina. Nada fuera de lo común, a eso nos dedicamos en muchos países; sin embargo, el asunto se volvió más que interesante cuando el jefe mencionó sobre construir una estación en Coronel Pringles. Este hombre debe estar bromeando, pensé; pero no, la cosa iba en se...