Gente que Cuenta

Feliz año nuevo – Álvaro Ríos

Siempre me dije a mí mismo que mi caso era diferente al de mi padre. Al viejo nunca le ha ido bien con las mujeres, incluso a mi madre jamás la conocí, y él nunca ha querido hablar del tema.

Hace años tuve una madrastra, pero era de armas tomar, y como podrán deducir, tampoco duró mucho. Y no es que papá sea rarito, si a ver vamos es tan macho como el que más. Más bien creo que se trata de un problema de mala suerte.

En mi caso será diferente. Y tiene que serlo, pues Fabiana ha regresado al pueblo para el año nuevo. Es la tercera vez que viene y creo que algo tengo que ver en ello.

La primera vez que la vi quedé sorprendido, pero el asunto no fue más allá de simples miradas. Al año siguiente las cosas cambiaron, llegué a conocerla e incluso hablamos en muchas ocasiones.

Este año ha sido la coronación: ahora muestra mayor interés en mí y de algún modo las miradas revelan ese aire de deseo teñido de colores.

Para la noche de año nuevo el alcalde decidió hacer una gran fiesta en la entrada del pueblo.

Hubo de todo: bebidas, comida, música y luces. La mayoría de la gente del pueblo desfiló por la fiesta, excepto los aburridos, otros en desacuerdo con el alcalde y claro, mi padre, a quien poco le importa tal celebración.

Aquella noche debía decirle a Fabiana lo que sentía, incluso que estaba dispuesto a irme con ella para la capital. La aprecié interesada, pero tenía que hacer algo para vencer la timidez y desbordar el río.

Se acercaba la hora del fin de año y ya varias parejas se besaban mientras bailaban.

Cuando se hicieron las doce y sonó el cañonazo dimos vuelta hacia los fuegos artificiales y aplaudimos por un rato.

Tiempo después a uno de los muchachos se le ocurrió la idea de ir a la plaza del pueblo para ver el amanecer.

Y allí, en medio del frío y la breve luz de los faroles, Fabiana y yo esperamos mientras conversábamos.

De pronto Fabiana tomo mi mano al mismo tiempo que un manto naranja pintó el horizonte: un amanecer sigiloso daba paso a la mañana de año nuevo.

—¡Feliz año nuevo, aunque mal paguen! —gritó un hombre sin pareja.

Miré al frente para ver quién era.

Por un momento pensé que era mi padre, pero no, sólo era uno de tantos que aquella noche se había pasado de tragos.

Álvaro Ríos. Maracay, Estado Aragua, Venezuela, 1965. Vive actualmente en Barquisimeto, Estado Lara. Es Ingeniero Electricista, Profesor Universitario y Escritor de cuento, poesía y ensayo. Es autor de los libros Sendero de Sombras (poesía), Efimerario (brevedades), Dilemas en el aire (poesía) y Criaturas Mínimas (cuento). Ha sido colaborador de los diarios “El Impulso” y “Diario de Lara” en la ciudad de Barquisimeto. Algunos de sus cuentos han sido publicados en el portal “Letralia”.
alv_rios@yahoo.es

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