Cervantes escribió que el Quijote era ingenioso, no que estaba loco. Podía sí, hacer “discretas locuras”, pero esto no significa que estuviera loco.
Que sus locuras fuesen discretas significaría hoy que serían comedidas o prudentes. Pero arremeter contra molinos de vientos no sería un comportamiento comedido, ni mucho menos prudente, pero sí podría interpretarse como un comportamiento insensato, quien sabe hasta jovial, o mismo hasta juvenil.
Probablemente Cervantes seguía la lógica de Erasmus en su Elogio da Locura, libro que bien pudiera haber sido traducido como el Elogio del Disparate. Tal vez la locura del Quijote sea tan solo un error de traducción del latín, idioma en el que Erasmus escribió Encomium Moriae.
Por ejemplo, sólo en un arrebato disparatado nuestros padres podrían habernos engendrado. Pero no habría sido un arrebato de locura sino de frivolidad, de alegría juvenil, de insensatez, justamente lo que significaría Moriae. De ahí que la traducción al inglés del libro de Erasmus se llame In Praise of Folly, donde Folly sería insensatez.
O sea, loco no sería el Quijote sino el traductor de Erasmus, y quién sabe de qué más, porque después vino Kafka diciendo que el héroe del Quijote sería más bien Sancho, quien le metió todas esos disparates en la cabeza apenas para librarse de sus propios demonios.
Yo me quedo con la insensatez de mis padres, antes que a mí me encierren en un manicomio.