Gente que Cuenta

La espera continúa, por Álvaro Ríos

Sinceramente creo que eso de andar escribiendo sobre literatos que se pasean en el cielo, y que además interactúan con otros personajes de la Historia, ha provocado en mí una obsesión.

Y es claro que debe acabar.

Sin embargo, hace un par de noches —creo—, tuve un sueño, y allí era yo quien dialogaba en el edén con un escritor famoso.

Pero eso no me preocupaba, sino lo que sucedió antes y después:

Lo cierto fue que la luz se apagó de golpe. Al retornar, lo hizo de a poco, como si una ráfaga de humo pasara de gris hasta un blanco excelso. Cuando me di cuenta, me encontré al final de una enorme fila.

Pensé que tal fenómeno sólo ocurría en Venezuela, ustedes saben, para obtener un permiso de conducir, un pasaporte, o tal vez…

—¿Para qué es la fila? —pregunté a la persona delante de mí.

—Para ingresar al cielo —dijo con antipatía—, en la entrada te hacen unas preguntas, y si todo va bien, paraíso por los siglos de los siglos…

Luego de muchas horas me tocó el turno. Ante el nerviosismo que sentía, aproveché que alguien llamó a Pedrito. Cuando éste giró, como un centellazo pasé por debajo del torniquete de acceso y me oculté en un bosque.

A la mañana siguiente le pregunté a uno de los ángeles dónde podía encontrar a Quiroga, Borges, Cortázar, o cualquiera de esos escritores famosos. Me contestó que la mayoría andaba de misión y que difícilmente podría verlos; sin embargo, a veces suelen desayunar en un café al final de la calle astral.

Fui al sitio.

Al entrar, advertí un ambiente de tonos azules y un largo salón repleto de mesas delicadamente acomodadas. Excepto por la presencia de un hombre entrado en años, de lentes al estilo John Lennon y traje negro muy fino, lo demás era una cadena de soledad.

Me acerqué y tomé asiento en la mesa contigua.

www.atril .press Samuel Becket
Samuel Becket
(1906-1989)

Luego de mirarlo disimuladamente, le dio una calada a un cigarrillo y se me quedó mirando.

—¿Deseas preguntar algo? —dijo emanando una nube de humo.

—¿Es usted Samuel?

—Eso creo.

Me acerqué y tomé asiento a su lado.

—¿Quién rayos es Godot? —pregunté.

—Eso ya no debería ser importante; pero dime, ¿para qué quieres saber?

—Es que, allá abajo, media humanidad aún espera por él.

En ese momento ingresó una unidad de ángeles guardianes. A paso veloz se dirigieron a nuestra mesa y entonces me arrestaron y me llevaron detenido.

Desde aquel suceso me he preguntado:

Sí todo fue un sueño, ¿por qué aún sigo sin despertar?

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Álvaro Ríos. Maracay, Estado Aragua, Venezuela, 1965. Vive actualmente en Barquisimeto, Estado Lara. Es Ingeniero Electricista, Profesor Universitario y Escritor de cuento, poesía y ensayo. Es autor de los libros Sendero de Sombras (poesía), Efimerario (brevedades), Dilemas en el aire (poesía) y Criaturas Mínimas (cuento). Ha sido colaborador de los diarios El Impulso y Diario de Lara en la ciudad de Barquisimeto. Algunos de sus cuentos han sido publicados en el portal Letralia.
alv_rios@yahoo.es

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