Gente que Cuenta

La felicidad vale más que un millón de dólares – Mayte Navarro

…uno al lado del otro, conscientes de que esta vida es muy corta para complacer a los demás

En el siglo XXI las historias de amor han cambiado. Lo tradicional ha dejado de marcar los “latidos” del corazón y la libertad de sentimientos borra barreras que pueden involucrar sexo o condición social.

Por eso hoy no es extraño encontrar a una princesa que deja de lado el boato y las reverencias para enrolar las filas de la gente común y corriente. Aquella que trabaja y que tiene que resolver los problemas por sí misma.

Esta princesa se llama Mako de Akishino, podríamos catalogarla como la princesa rebelde, sin embargo en su actitud no hay arrogancia, sino determinación. Como en los cuentos de hadas, tuvo que vencer la oposición de las tradiciones y para transitar el camino de su felicidad debía de separarse de su familia y alejarse del palacio que había sido su hogar.

Mako, sin mucha parafernalia, deja atrás su condición de mujer doblegada a las retrógradas costumbres imperiales para asumir su libertad. Ella es la hija mayor del príncipe heredero del Imperio del Sol Naciente, quien gracias a la ley sálica, usurpa el derecho de su sobrina Kaiko, la única hija del emperador Naruhito, que por el solo hecho de ser mujer no podrá ser emperatriz.

Quizás por ello su prima Mako ha querido zafarse de ese yugo imperial. Una decisión que ha sopesado durante tres años. Mako optó por no tener una boda fastuosa, con lujosos kimonos y paseo en carroza, simplemente fue un acto privado, sin testigos. Ni ella ni su novio, Kei Komuro, los necesitaban. Allí estaban los dos, uno al lado del otro conscientes de que esta vida es muy corta para complacer a los demás y dejar sus afectos de lado.

Kei no tiene títulos nobiliarios, que en la práctica son inútiles porque no significan conocimientos ni habilidades. A él solo le basta el de abogado. Mako desecha el de princesa para asumir el de especialista en arte y curaduría museística avalado por las credenciales otorgadas por la Universidad de Leicester al concluir su máster en Museología y Galerías de Arte, y no por una corona.

Quizás el gesto más rebelde de Mako haya sido no aceptar la dote de un millón de dólares que el Imperio nipón le concedía para tener la conciencia tranquila de que esta chica, sangre de su sangre, no pasará trabajo.

Sin quejarse ni lanzar ataques a la institución, los ahora esposos Komuro, comenzarán una vida de ciudadanos, con responsabilidades laborales, pero según Kei cuidando a la mujer que ama, y de acuerdo con Mako, al lado de un hombre irremplazable.

En el recuerdo queda la reverencia de despedida de esta pareja a los periodistas. Quizás Mako  haya dejado en el palacio imperial la semilla de la igualdad de género. Felicidades para los novios. Se la merecen.

Mayte Navarro.
Comunicadora Social egresada de la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas. Ha ejercido el periodismo en galerías de arte, en el diario El Universal, mantiene el espacio Madame Glamour en el programa radial Las entrevistas de Carolina. Escribe de moda, arte y estilo de vida.
mayte.navarros@gmail.com

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