Gente que Cuenta

La mosca, por Leonor Henríquez

www.atril .press Roy Lichtenstein
…de ahora en adelante, voy a hablar menos, a escuchar más y mejor

Me tragué una mosca.

Más bien un mosquito de esos que se alborotan en el verano. Sucedió mientras caminaba a lo largo del río con una amiga, enfrascada en apasionada conversación, probablemente de asuntos sin importancia, que al final son los que importan.

Lo admito, tiendo a hablar demasiado.

En mi profesión como ingeniera, he tenido que explicar mis argumentos con fiereza y convencer mediante la palabra.

En mi vida familiar, casi siempre abro la boca más de la cuenta y tiendo a dar mi opinión cuando no me la piden. Mi yerno y nuera pueden certificarlo, parte del oficio de suegra.

También domino el inefable arte de interrumpir. Y bromeo diciéndole a la gente: “No es que te esté interrumpiendo, es que tú sigues hablando mientras te interrumpo”.

Pero en general, el mundo entero tampoco calla nunca; habla, habla, habla. Bien dice Isabel Allende que: “El mundo es un gran ruido entre dos silencios abismales”.

Pero se llega a cierta edad en que hay que aprender a mantener la boca cerrada y hacer como nos aconseja Jorge Luis Borges, “No hablar, a menos que se pueda mejorar el silencio”.

Pues bien, mi propósito de enmienda es que, de ahora en adelante, voy a hablar menos, a escuchar más y mejor, a no interrumpir y prestar atención a mis semejantes, un raro don.

Y la recompensa temprana de esta resolución es que, mientras escribía estas líneas, me visitaron varios de esos que llamo los silencios perfectos.

El coro de sapitos de Caracas, a las seis de la tarde, parte de mi maleta de nostalgias.

La nieve sigilosa, que acaricia las penas, aquí en mi país adoptivo Canadá.

La copa de vino que murmura al paladar los secretos de las uvas.

La música oculta de un poema.

Pero sobre todo…

Escribir.

Mi particular manera de callar.

Con razón dicen por ahí, que en boca cerrada no entran moscas.

www.atril .press Leonor Henríquez
Leonor Henríquez (Caracas, Venezuela) Ingeniero Civil de profesión
(UCAB 1985).
Escritora y aprendiz de poeta por vocación.
Desde muy joven participó en talleres de escritura creativa en el CELARG, Caracas.
Sus ficciones fueron publicadas en la antología Voces Nuevas (1990-91), y
más adelante su testimonial, Existe la Luz (1995).
De su paso por la ingeniería surgieron sus Cuentos de Oficina (1997), otra manera de ver al mundo corporativo. Entre sus últimas publicaciones se incluyen sus
reflexiones sobre el duelo, Hopecrumb (2020) y “The Adventures of
Chispita” (2021), cuento infantil, una alegoría de la vida en el vientre materno.
Hoy en día comparte sus “meditaciones impulsivas” desde Calgary, Canadá, ciudad donde reside.
leonorcanada@gmail.com

 

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