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Gente que Cuenta

La segunda palabra,
por Victorino Muñoz

Jessica Stewart Dismorr Atril press
Jessica Stewart Dismorr,
Conversación en Cagnes, c. 1931
Fuente: https://www.meisterdrucke.uk/

Como seguro les pasa a muchos, antes yo solía explotar más fácilmente y de buenas a primeras decía cosas que podían resultar hirientes, inadecuadas, incluso a menudo inexactas, porque estaban, precisamente, inspiradas por la emoción del momento.

Pero tal emoción no siempre era positiva, sino todo lo contrario. Y no es que ahora no sienta nada. Solo que me contengo con más frecuencia, sobre todo si estoy molesto. Aprendí, o desaprendí. Sí siento, pero no grito.

Durante este proceso, recalé en uno de esos llamados grupos de doce pasos. Un día que me tocó intervenir, hice la siguiente pregunta: siempre digo las cosas lleno de rabia, y me doy cuenta de que actué mal, pero solo lo pienso después. ¿Cómo haría para callar antes y evitar todo lo malo que eso acarrea, para mí y para los demás?

Uno de los compañeros intervino y me dio la respuesta, de un modo muy sencillo: no siempre lo primero que uno dice es lo mejor. Por eso es preferible callar y no decir lo primero que se te ocurre, sino lo segundo.

Esa lección se me quedó grabada y la uso todos los días: me quedo con la segunda palabra. Y hasta hoy no me ha fallado. Aprendí a manejar la expresión del enojo.

Gracias a esto, mejoré mi relación con los demás, fueran familiares, amigos, compañeros de trabajo o vecinos; y si bien no soy un ser muy sociable, eso que llaman el alma de la fiesta, por lo menos paso por amable.

Suelo, entonces, pensar bien lo que digo. Mi respuesta favorita es: humm, no sé. Con eso gano tiempo y, una vez que estoy calmado, si y solo si, respondo. Y si no encuentro una buena respuesta, pues, me callo hasta que se me ocurre.

Y es que si tenemos que pensar mucho lo que vamos a decir, es porque de seguro no será bueno. Preferible retractarse antes que después, porque no hay tal después: la palabra una vez dicha, no la puedo devolver a la boca, y no la puedo borrar de la mente de quien la escuchó.

Esta misma recomendación se las hago a quienes sufren de incontinencia verbal y se desatan a soltar improperios y luego se arrepienten (aunque hay muchos que no se arrepienten). Pero sí hacen daño, porque la palabra puede ser un arma peor que una daga o un veneno.

No, las palabras no se las lleva el viento. Se las lleva la memoria del corazón, y eso es lo que van a recordar de ti, siempre, aunque digan que te han perdonado.

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Victorino Muñoz valenciano, autor de "Olímpicos e integrados", ganador del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia del año 2012 y "Página Roja", publicado en la colección Orlando Araujo en el año 2017. rvictorino27@hotmail.com Twitter:@soyvictorinox Foto Geczain Tovar

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