
Fuente: https://fr.wikipedia.org/
París despidió de manera sobria y simbólica a Bernardette Chirac, mujer de convicciones y ambiciones propias. Ejerció el rol de primera dama de Francia no como un apéndice de su marido, sino con autonomía y si abandonar su carrera pública. Cuando Jacques Chirac, su marido, dejó de ser Presidente de Francia, madame Chirac, aseguró que ella continuaba vigente como política.
Su personalidad fuerte y decidida quedó plasmada en Conversaciones, especie de memorias donde habló de su matrimonio basado en las aspiraciones de ambos y no en el romanticismo. Esto resultó imprescindible para que la unión se prolongara durante 63 años, superando las públicas infidelidades de Jacques Chirac, un seductor impenitente, quien en algún momento manifestó la importancia de Bernardette en su ascenso político. Cuando un flirt amenaza la tranquilidad familiar ella sabía ponerle punto final.
Una de las definiciones más acertadas sobre madame Chirac la ofreció el filósofo Jean Guiton, quien la llamó “la última reina de Francia”. Y es que Bernardette tenía autoridad, independencia y cerebro. Su asistencia a los desfiles de Dior y Chanel no fueron para presumir ser una consumidora de la moda, sino para utilizarla como una de las banderas de la economía y la diplomacia.
En estos días se ha recordado como le dio fama a uno de los icónicos bolsos de la casa francesa, el llamado Lady Dior. Se lo regaló a Diana de Gales cuando visitó Francia, convirtiéndose en objeto de deseo. La moda también cambió su imagen, revelándola como una mujer fuerte.
El funeral de Bernardette Chirac fue reflejo de su personalidad, hubo simbolismo pues en la iglesia elegida, Santa Clotilde, contrajo matrimonio con Jacques Chirac y allí vivió uno de sus momentos más dolorosos, la despedida a su hija Laurence.
La sobriedad marcó la ceremonia. Solo un discurso, el de su nieto. Su labor política se hizo presente en los consejeros departamentales de Corrèze, donde ella trabajó. No fue un funeral privado y junto a los famosos también se reservó un lugar para la gente. Se respetó su última palabra.