Gente que Cuenta

Manías de intelectuales de redes sociales, por Victorino Muñoz

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Hieronymus Bosch
El barco de los tontos
1490 – 1500 (detalle)

Y ya que somos intelectuales, debemos seguir siéndolo en las redes sociales, que constituyen el escenario perfecto donde pavonearnos con nuestro intelecto superior (a falta de libros y artículos en revistas serias).

Para comenzar, debemos tener una foto con la mirada puesta en lo alto, como si estuviéramos contemplando lo grande que es nuestro propio ego.

Claro, tenemos otras alternativas para la foto del perfil. Por ejemplo, está la opción mirada con el entrecejo fruncido, como si estuviéramos pensando algo profundo.

O la opción con la mano en la barbilla o cerca de la boca, juzgando la insensatez del mundo que no está a la altura de nuestra mente privilegiada.

Por otra parte, debemos ser cuidadosos en las publicaciones. Cada cierto tiempo tenemos que demostrar que somos chic (este término ya no se usa), que estamos in (tampoco), que somos exquisitos (eso sí).

Un tipo de publicaciones comunes en los intelectuales de redes sociales, para demostrar tal exquisitez, es hablar de los vinos: anoche degusté un merlot… intelectual de redes sociales no toma coca-cola o jamás lo menciona.

Luego, la música, debemos hablar de la música. Pero debe ser una cosa así, de esas que no escucharía jamás el vulgo: Cesaria Evora (no se le puede llamar por su nombre), Eric Mouquet, Vangelis…  sublimes. Y no es que no lo sean, sino que los escuchamos para que sepan que los escuchamos.

Pero, no se es intelectual si no se habla de libros. Aquí casi todos son como el Bart Simpson del meme: miren, miren todos, qué especial soy; leí un libro.

Hablar de los clásicos ya es cosa trillada, porque todo el mundo los conoce; aunque nosotros tampoco los leímos, forzoso es reconocerlo. Debemos mencionar libros que son objetos de culto (vaya usted a saber por quién).

Mientras más rara la edición o el nombre, mejor: leí la Hypnerotomachia Poliphili y luego el Malleus Maleficarum… y en su lengua original.

Dios nos libre de que nuestro intelectual publique algún libro suyo. Va a hablar de eso al igual que la gallina, que cacarea como si hubiera llenado la cesta o peor. Un año entero tendrá que publicarlo. Y cada vez que alguien lea su librito, nos lo va a decir.

Y es que para esto, a fin de cuentas, son las redes sociales en manos de nuestros queridos intelectualitos: para vivir haciendo un permanente marketing de sí mismos, a ver si alguien les presta atención.

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Victorino Muñoz
valenciano, autor de Olímpicos e integrados, ganador del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia del año 2012 y Página Roja, publicado en la colección Orlando Araujo en el año 2017.
Foto Geczain Tovar
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