Gente que Cuenta

No me arrepiento, Lucy Gómez

rojo manzana
“Si me pinto el pelo de rojo manzana y me queda horroroso, o si me queda ridículo un vestido, no es para tomárselo a pecho, simplemente no tiene importancia”

Cuando era pequeña, mi familia era católica de la boca para afuera. Quiere decir que todo el mundo se casaba por la iglesia – si se casaba- bautizaba a sus hijos y hacía la primera comunión en ceremonias masivas en las escuelas. Pocos éramos realmente practicantes, aunque se viera rarísimo a quien se excusase de ir clase de religión.

Mis contactos con el arrepentimiento formal, el analítico y filosófico, vinieron de contactos extra familiares y posteriores con la iglesia y la doctrina, porque en casa no se hablaba de eso. Para mi madre el mundo era más binario. O hacías bien las cosas o las hacías mal… y si las hacías mal tenías por seguro un castigo, físico generalmente. Nada de: “ay Mami, lo siento mucho”, o “Mami, estoy arrepentidísima de haber hecho eso”. Nunca se me ocurrió decírselo, pero si se me hubiera ocurrido hacerlo, igual me hubiera quedado castigada o me hubieran dado un correazo.

Luego llegó la adolescencia, con todos sus errores, excesos y exuberancia y supe que era arrepentirse. Lo hice muchas veces…  De haber hecho daño a otras personas, de haber fingido ser lo que no era, de cultivar enemistades, de tener mal gusto, de no cuidarme. De tantas cosas.

Creo que el análisis doctrinal o filosófico del arrepentimiento, es por lo demás un intento de aliviar una de las experiencias humanas más fuertes. Cuando el arrepentimiento es verdadero se vuelve pesado y enloquecedor, no tiene salida ni solución.  Te puedes arrepentir de lo que quieras, pero en realidad, el que tiene la solución en la mano es otro, el objeto de tu acción, si lo sabe y te perdona de corazón.

A estas alturas, estoy en la etapa de no arrepentirme, o de arrepentirme de pocas cosas.

Ir paso a paso, pensar bien antes de decidir, no ser lenta sino específica, ayuda a no meter tanto la pata. Salva también ver primero lo bueno de la gente, en vez de lo malo o lo chocante. El alejarse un poco, tomar perspectiva, aleja de la ira que empuja a abrir la boca para herir o nos vuelve violentos.

Y el otro detalle es no preocuparse por tonterías. Si me pinto el pelo de rojo manzana y me queda horroroso, o si me queda ridículo un vestido, no es para tomárselo a pecho, simplemente no tiene importancia. No hay que arrepentirse de ser uno mismo. Hay que aprender a quererse y a comprenderse. Aprender a no arrepentirse.

Lucy Gómez e1647642232444
Lucy Gómez Periodista, egresada de la Universidad Central de Venezuela. Fue jefe de redacción y de la sección política, de varios diarios de Caracas y Valencia, durante más de veinte años.
es experta en el cultivo de huertos de hortalizas y flores.
lucygomezpontiluis@gmail.com

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