No pasa nada,
por Victorino Muñoz
Hace unos años, como por las fechas decembrinas, iba camino a una reunión con los compañeros con quienes trabajaba en ese entonces. De pronto del carro comenzó a salir humo y a mostrar signos de recalentamiento. Me detuve, abrí el capó y noté que, en efecto, se había roto una manguera.
Tuve que llamar para decir que no iba a la reunión. Lástima. Yo nunca me pierdo una comida. Sin embargo, en esas condiciones era difícil que pudiera llegar.
Recordé que cerca del sitio en el que estaba había un taller donde tal vez pudieran auxiliarme para resolver el problema y asistir al compromiso o por lo menos regresar a la casa.
Claro, en ese estado no era recomendable encender el carro. Así que me dispuse a empujarlo, por unas cuadras. Comencé en la tarea y al poco rato se acercó un sujeto:
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