Gente que Cuenta

Un amor surrealista – José Pulido

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“La selva” de Wilfredo Lam,
obra cedida por el MoMA de NY al Centre Pompidou de París, en ocasión de la retrospectiva de su obra exhibida entre 2015 y 2016

Cuando Oswaldo Vigas apenas tenía un mes en París, se apareció Miguel Otero Silva, y le dijo: “Aquí vive un pintor cubano que quiero que conozcas”, y fueron a comer con el mencionado artista: era Wifredo Lam. A partir de esa noche, Oswaldo Vigas y Wifredo Lam se veían casi a diario. Lam tenía su taller en un callejón sin salida a unos pasos de la rue d’Alésia. Oswaldo pintaba y vivía en el 33 de la rue Dauphine.

Oswaldo sabía escuchar a los amigos y contaba que Wifredo Lam tenía muchos problemas con las mujeres y cuando eso ocurría le pedía consejos.

Entre 1952 y 1956, Lam vivió con una joven periodista argentina llamada Sara Sluger.

Cuando Sara se disgustaba con Lam lo abandonaba y Oswaldo tenía que ir a conversar con ella para que regresara.

Sara fue la joven a quien Picasso le pintó una pierna, le hizo un Picasso en una pierna. Ella sufrió lo suyo para que no se le borrara la obra. Un marchand exagerado quería comprarle la pierna. A esa muchacha la llamaban así: “la pierna de Picasso”. Era muy amiga de los surrealistas. Y ya de regreso a Buenos Aires contó que ella y Lam se reunían con los surrealistas en el café de la Place Blanche, cerca de Pigalle.

“Allí estaban todos: André Bretón, Benjamín Peret, Man Ray, Jacques Harold” declaró Sara en una entrevista que le hicieron mucho después en Buenos Aires.  En esa ocasión confesó que no quiso ir más a las reuniones de los surrealistas porque ya no eran los tipos que hacían grandes escándalos. Lam tampoco siguió yendo a esas reuniones porque, según Sara, “Lam era muy celoso y no le gustaba dejarme sola”.

Sara y Lam se conocieron en un restaurante griego en 1952. Ella fue a comer con unos amigos argentinos al restaurante griego donde iban los surrealistas porque la comida “era buena, abundante y barata”. Ahí estaba Wifredo Lam. Sara le gustó desde que le echó el primer vistazo, pero era un hombre tímido. Sin embargo, él se acercó a la mesa y se presentó. “Yo me llamo Wifredo Lam” dijo. Uno de los acompañantes de Sara comentó:

-Hay un pintor surrealista cubano, que tiene el mismo nombre que usted.

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