Gente que Cuenta

Una leve equivocación,
por Álvaro Ríos

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“Elena y yo seguíamos disfrutando del vuelo en globo cuando de repente la llama se apagó”.


 
Arriba aún era de día.

Abajo, la noche envolvía al pueblo en un manto colmado de rocío. Elena y yo seguíamos disfrutando del vuelo en globo cuando de repente la llama se apagó. De allí en adelante una fuerza desconocida nos hizo descender sin control. Y mientras el globo caía, escuchamos el murmullo del viento que se hizo cargo de las riendas del aparato.

Hubo un instante cuando el brillo de la tarde acabó y nuestros cuerpos, mezclados en un abrazo infinito, vibraron a causa de una sospecha que rápidamente se transformó en noche y miedo.

De pronto el globo dio un giro al chocar contra las ramas de un árbol. En aquel instante, el abrazo se deshizo y yo salí disparado fuera del cajón. Antes de aterrizar sobre un pasto empapado de lamentos, vi pasar cientos de ramas: unas intentaron acariciarme; sin embargo, la mayoría solo se empeñó en dejar fluir sus maltratos.

Desde el suelo, a unos cien metros más allá, observé cuando el globo deslizaba en un valle abierto cuyo verdor ya empezaba a ser iluminado por la luna.

Cuando intenté incorporarme los vi. Eran tres hombres: uno alto y fornido que vestía de negro y capucha quien iba acompañado de otros dos de baja estatura, calvos y de ojos saltones.

Cuando estuvieron frente a mí les grité:

—Elena está en el globo, ¡por favor, sálvenla!

—¡Agárrenlo! —exclamó el gigantón ignorando mi súplica.

Los hombrecitos de ojos saltones se abalanzaron sobre mí e intentaron sujetarme.

Como pude, resistí.

Al advertir mi actitud, el hombre de negro sacó, no sé de dónde, una especie de arma que parecía una hoz de esas que les encanta a los rusos, pero, a diferencia de aquella, muchísimo más grande y de aspecto aterrador.

—¿Vienes por las buenas o por las malas? Y mira que hoy he tenido un día para olvidar… —dijo.

—¿Y Elena? —pregunté.

—Por ahora no nos interesa, ella vendrá después —farfulló a la vez que guardaba la hoz o como quiera que esa cosa se llame.

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Álvaro Ríos. Maracay, Estado Aragua, Venezuela, 1965. Vive actualmente en Barquisimeto, Estado Lara. Es Ingeniero Electricista, Profesor Universitario y Escritor de cuentos, poesía y ensayo. Es autor de los libros “Sendero de Sombras” (poesía), “Efimerario” (brevedades), “Dilemas en el aire” (poesía) y “Criaturas Mínimas” (cuento). Ha sido colaborador de los diarios “El Impulso” y “Diario de Lara” en la ciudad de Barquisimeto. Algunos de sus cuentos han sido publicados en el portal “Letralia”.
alv_rios@yahoo.es

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