Gente que Cuenta

” Wait a minute! You ain’t heard nothin’ yet!”, por Luli Delgado

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Noche en estreno de la película en NY. La dirigió Alan Crosland y fue producida por Warner Brothers.
Su presupuesto fue de U.S. $420, y la taquilla produjo U.S $ 2.6 millones…

Como todos nosotros, el cine nació sin saber hablar. Pero igual era tan impresionante, tan difícil de creer lo que los ojos del espectador veían, que durante años logró arrastrar al público apenas con el eterno pianista  acompañando las imágenes, y después con sus primeros pasitos de música sincronizada, y uno que otro cartel para aquellos momentos en que una frase corta se hacía indispensable. Que no supiera hablar era lo de menos!

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Postales de promoción distribuidas a la entrada del cine

En 1927, en “The Jazz Singer” Al Jolson rompió el silencio con su histórico: ”Wait a minute! You ain’t heard nothin’ yet!”

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May McAvoy and Al Jolson in The Jazz Singer, 1927

“¡Un minuto! No has oído nada todavía! y, de nuevo, como nos pasó a todos una vez que aprendimos a hablar, el cine dejó para siempre de ser un arte mudo.

Los cartelitos poco a poco le fueron cediendo el espacio a los diálogos, y el cine tuvo que reaprender su oficio.

Los movimientos de cámara, por ejemplo, que a lo largo de varios años ya habían alcanzado una razonable capacidad de sustituir los ojos del público, se tuvieron que restringir a los rigores de unos micrófonos estratégicamente escondidos en el set, en floreros, lámparas, mesas, adonde los personajes debían desplazarse como parte de su actuación a decir sus parlamentos.

La iluminación también sufrió con las exigencias del recién llegado, ya que al igual que la cámara, tuvo que apretar sus espacios.

El cambio también significó la ruina de muchos actores. Los acentos extranjeros o las voces poco educadas perdieron cabida.

Las mímicas de Keaton, Harold Lloyd, Chaplin, entre otros, dieron paso a los famosos gags de los Hermanos Marx, por ejemplo, así como a toda una nueva propuesta en la escritura de diálogos.

Así fueron las cosas, hasta que un día a alguien se le ocurrió amarrar un micrófono a una caña de pescar y nació el boom, quien, gracias a su invisibilidad todopoderosa, ahora nos permite oír como si formáramos parte de cada una de las historias que nos sentamos a que nos cuenten.

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Con el tiempo, el cine no sólo aprendió a hablar, sino que terminó enseñándonos a nosotros.

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Luli Delgado es periodista venezolana, Master en Artes de Cine y  Video – por The American University, Washington, DC.
Fue Directora Ejecutiva de la Fundación Andrés Mata de El Universal de Caracas, y Gerente del Centro de Documentación de TV Cultura de São Paulo. Es autora de varios libros y crónicas.
delgado.luli@gmail.com

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