Gente que Cuenta

Amarillo – Luli Delgado

La torre de Babel
basada en Pieter Brueghel
Rompecabezas gordiano
Vik Muniz 2007

Aquí voy con otra de mis locuras, que comparto con ustedes aprovechando que estamos en confianza. En estos días me comenzó a gustar el amarillo.

Fue durante los primeros días de la pandemia, cuando pegada a las noticias, aprendiendo a usar máscaras y lavando todo con cloro, no me quedó otro espacio que no fuera para jugar. Me dio por los rompecabezas, y ahí fue que descubrí, o mejor reivindiqué, el color amarillo. Primero me acordé de que era bonito, después que combinaba bien con el rojo, y por último caí en la tentación de declararlo mi favorito.

Pero no pudimos, el rojo siguió en la delantera, y el amarillo, que no se dio por vencido, siguió colándose por los palos, y no es nada, no es nada, se instaló en su honroso segundo lugar.

Yo creo que mi locura por el rojo se remonta a un disfraz de tomate que tuve en mi infancia. Era de un satén brillante que se fue apagando con cada lavada, pero igual no lo dejé de usar sino cuando definitivamente superé su talla y el disfraz sus fuerzas para seguir viviendo.

Un rompecabezas es como un juego dentro del juego, no sirve sólo para armar las piezas.

Un rompecabezas es un juego dentro del juego, so sólo sirve para armar piezas

A mí me resulta muy útil para ordenar ideas e irme por ahí a pensar en cosas con más o menos sentido.

Se establece una relación muy particular, desde que escoges en motivo, hasta que vas entrando en una familiaridad especial con las piezas. Unas resultan evidentes, y a otras les cuesta más trabajo encontrar su lugar. Como pasa con el día a día, es igualito. ¿pero cómo fue que no me di cuenta? ¿qué pasa que las piezas no encajan? ¿sigo, o lo dejo para después?

Y entre formas y colores surgen ideas, la de escribir, por ejemplo. La memoria viaja por el tiempo, te cuerdas de cosas que pasaron, te animas a resolver lo que tienes entre manos, vas y vienes en una comunión de piezas y pensamientos, hasta que llega la hora de la última pieza.

Cuando terminas, pasa algo parecido como cuando juegas a las cartas, que después comentas con los otros jugadores por qué fue que ganaste o perdiste la partida. En cambio, aquí siempre ganas, hay un momento fugaz en el que ves el juego ya armado, te sientes lo máximo, y ya está, empiezas a buscar otro. Como en la vida…

Luli Delgado es periodista venezolana, Mestre en Artes de Cinema e Vídeo – por The American University, Washington, DC.
Fue Directora Ejecutiva de la Fundación Andrés Mata de El Universal de Caracas, e Gerente del Centro de Documentación de TV Cultura de São Paulo. Es autora de varios libros y crónicas.
delgado.luli@gmail.com

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