Gente que Cuenta

Caperuza, la roja, anda de malas, por Álvaro Ríos

George Frederick Watts Atri press
George Frederick Watts,
Caperucita Roja, 1890

Ese día Caperuza se sentía estresada. Tenía que llevar el almuerzo a la abuela y ya era tarde. La reunión con los camaradas se había prolongado sin necesidad.

—¡Esa gente sí que habla bobadas! —dijo casi en silencio.

Llegó a casa, tomó un baño y se puso a preparar la cesta con el almuerzo y otras cosas para la abuela.

Más tarde marchaba por el bosque.

Mientras meneaba la cesta de un lado a otro pensaba en qué diablos iba a hacer a casa de la abuela.

¡Qué aburrido! —pensó—, este cuento parece que jamás cambiará, y lo peor, cuando llegue ese lobo repugnante me estará esperando. La verdad ya estoy harta. Sin embargo, iré de todas formas, a lo mejor el guardabosque se adelanta y acaba por resolver el problema.

Antes de llegar a su destino, Caperuza notó que un perro cruzó unos metros adelante, era un yuso que había caído en desgracia.

Vaya, este sí que es un verdadero cambio —pensó— ¿Será que ahora este mísero hará el papel de lobo? De ser así es pan comido, incluso hasta pudiéramos ahorrarnos al guardabosques.

Luego de un rato, Caperuza al fin arribó a casa de la abuela.

Llamó a la puerta.

—Pase adelante —contestó una voz ronca.

Entró.

La abuela, como siempre, yacía en la cama arropada hasta el cuello.

Caperuza puso la cesta en la mesa y se sentó en una silla junto a la cama. Pensó en hacer las mismas preguntas de siempre, pero esta vez cambió el libreto:

—Abuela, a ver, muéstreme los dientes…

—¿Y eso? ¿Acaso crees que soy un lobo?

—¡Abra la boca y cállese!

Al observar la forma usual de las prótesis, tomó la cesta, se acercó por un costado y entonces le ofreció una fruta.

—¿Qué te pasa?  —preguntó la abuela.

—Para serle sincera ando de malas, me siento fastidiada, de un tiempo a esta parte se me hace cuesta arriba sobrevivir en este cuento…

—Sí, yo también opino lo mismo, a veces parece que esto no es un cuento sino la mera realidad, es como si yo no fuese tu abuela sino un lobo disfrazado de abuela, ¡vaya estupidez! Pero bueno, deja de quejarte y pásame lo que has traído, me muero de hambre.

Caperuza le acercó la cesta para que tomase lo que quisiera y luego se sentó al pie de la cama.

Mientras miraba a la abuela devorar un filete advirtió que, luego de más de tres siglos, el tedio, antes ausente, ahora había llegado para quedarse.

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Álvaro Ríos. Maracay, Estado Aragua, Venezuela, 1965. Vive actualmente en Barquisimeto, Estado Lara. Es Ingeniero Electricista, Profesor Universitario y Escritor de cuento, poesía y ensayo. Es autor de los libros Sendero de Sombras (poesía), Efimerario (brevedades), Dilemas en el aire (poesía) y Criaturas Mínimas (cuento). Ha sido colaborador de los diarios El Impulso y Diario de Lara en la ciudad de Barquisimeto. Algunos de sus cuentos han sido publicados en el portal Letralia.
alv_rios@yahoo.es

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