Gente que Cuenta

Caracas democrática o la fe mueve Ávilas – Faitha Nahmens Larrazábal

Jesús maría de Las Casas (1854-1926)
El incendio del Ávila en 1883

Caraqueño es un epíteto que podría traducirse como rumbero de caderas, lenguaraz de vocación, querendón con los panas —los amigos, tal vez sea una versión de partner—, desmesurado de gestos; añádase ahora una acepción de nuevo cuño: lacónico. Tantos se han ido, tan duro el panorama, tanto ayayay. La ciudad, en sus 454 años a partir del 25 de julio, celebra con los más allegados, que es como decir que eso así no es fiesta. Pero que nadie diga que le faltan incondicionales: los colectivos buenos, los activistas urbanos, y los caraqueños enamorados per se, llamémoslos caracadictos, que proponen encuentros virtuales para retomar el hilo de su memoria entrecortada e interrumpida por el hipo incómodo del abandono.

La piensan/pensamos como ese todo posible integrado y articulado que junte el archipiélago y vindique su heterodoxia de teja y fiberglas; techos rojos y hechos rojos. La sueñan/soñamos completa, valle, cerros y lomas sugiriéndole a las palabras que dejen atrás los significados que destilen categorías. La visualizan/visualizamos como zona en reclamación: la quieren/queremos de vuelta. No se rinden/ rendimos y le hacen zalemas y festejan desde la voluntad, y pese a la pandemia y la crisis que gravita sobre sus tacones sin tapitas, sobre las uñas despintadas porque con las uñas es que se trabaja, sobre la dignidad herida por quienes ultrajan la institucionalidad y los derechos, y se solazan descosiéndole, descosiéndonos, eso intentan, las esperanzas. No podrán.

Periodista que hace foco en Caracas y la causa de la democracia, condujo CaracAs vuelta y vuelta en radio, trabajó en las revistas Exceso y Cocina y vino, escribe en varios portales (Prodavinci, El Diario, eneltapete, TalCual) y es autora de los libros Colombia y Venezuela: 20 testimonios y Franklin Brito: anatomía de la dignidad. Feliz madre de Simón Santodomingo.
Faithanahmenslarrazabal@gmail.com
Foto: Federico Prieto

 

"La ciudad ha demostrado con creces su vocación por la naturaleza: esa tendencia irreversible a favor de la clorofila coloca en su norte al Ávila y en la ranura de la autopista una flor."

Aunque la cosa está color de hormiga, aun todavía y siempre Caracas tiene tanto y tiene con qué. Podría, si se lo propusiera, ser ella, no Londres, la ciudad más verde del planeta. Unos suspiran/suspiramos por ese paraíso perdido atravesado por 22 quebradas. Otros añoran/añoramos un Río Guaire rescatado y asumiendo su identidad de Nilo, Sena o Támesis nuestro. La ciudad ha demostrado con creces su vocación por la naturaleza: esa tendencia irreversible a favor de la clorofila coloca en su norte al Ávila y en la ranura de la autopista una flor. Capital de uno de los diez países más biodiversos del mundo, tienen tantas especies de aves como años: más de 450. Y sin duda, y con perdón de las guacamayas, Caracas es ave Fénix.

Ciudad violenta y ciudad de miedo, de murallas alzadas hasta los cielos, tantas que según el arquitecto Ignacio Cardona la suma de todas las tapias rebasa las medidas de la muralla china, Caracas reclama agua en pleno aguacero, sustentabilidad en medio de la belleza a mano, libertad de hacer en el epicentro del poder controlador: donde se asientan anacrónicos los resabios. Rezagada hacia sí, con el rímel licuado, arisca y coqueta, la ciudad que sonríe con cautela porque perdió en la batalla de la supervivencia algunos dientes resiste con fiereza. ¿Quién dice que no hay remedio? ¿Cómo no restaurar los baches y construir puentes? ¿Cómo no rescatar los balcones cerrados? ¿Qué será del hombre en camiseta, la eterna bicicleta y cómo oirá sus serenatas la amada Julieta?

Nada más democrático que hacer consensos con la vida. La democracia es la mejor convocatoria para sanar y convertirnos de nuevo en compañía y en proyecto. La república produce ciudadanos y Caracas produce verde. Ilusionémonos con la idea de reverdecer nosotros también. De hacer sutura y acupuntura. Dejar la agriura y asumir con ternura la cierta locura. De lograr la juntura y vencer con finura, valen armaduras, la dictadura. Que sea esa la aventura. Feliz cumpleaños amada Caracas. No pierdas la contentura.

En este 25 de julio de sus 454 años le regalo a Caracas lo que extrañamos: el regreso de las costumbres republicanas y mi eterno amorío.

Periodista que hace foco en Caracas y la causa de la democracia, condujo CaracAs vuelta y vuelta en radio, trabajó en las revistas Exceso y Cocina y vino, escribe en varios portales (Prodavinci, El Diario, eneltapete, TalCual) y es autora de los libros Colombia y Venezuela: 20 testimonios y Franklin Brito: anatomía feliz madre de Simón Santodomingo”.
Faithanahmenslarrazabal@gmail.com
Foto: Federico Prieto

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