News That Matters

275b

El refugio tibio,<br/> por Soledad Morillo Belloso
Soledad Morillo, 275b

El refugio tibio,
por Soledad Morillo Belloso

Dicen los insensatos que la vejez es una emboscada, un golpe seco. Mentira. La vejez llega despacito, suave, como una marea dulce que te va envolviendo el cuerpo y te invita a apurar el paso hacia adentro, allí donde el fuego del alma siempre estuvo prendido. «Mia vecchiaia ti ho preparato un nido di cose calde di lana e di ricordi...» Escucho a Mina —esa mujer colosal, libre— cantar a sus años maduros y se me aprieta el pecho de pura emoción. No le canta a la vejez con la limosna de la pena. Le canta como quien abre las puertas de un refugio bendito, amueblado con la más fina de las ternuras. En su voz hay una pasión desbordada por la propia existencia, alimentada del pan bueno de la memoria y del calor de las nostalgias amables. «...e quando il vento soffia tu sorridi a quella g...
El closet abierto,<br/> por Luli Delgado
Luli Delgado, 275b

El closet abierto,
por Luli Delgado

 ler em português        Hasta el día de hoy, no soy capaz de dormirme con las puertas del closet abiertas, porque mi mamá aseguraba que salían los muertos. A veces confieso que me gustaría hacer la prueba a ver, pero no, es más fuerte que yo.Como es más fuerte que yo usar destapadores de cañerías o abonos de jardín, porque en mi infancia corría la historia de una niñita que usó una cuchara de veneno, con todo y que ya la habían lavado y resulta que se murió intoxicada.La masa cruda de las tortas daba dolor de barriga. Eso sí sé que es mentira, porque la he probado y no pasa nada. Es más, se la daba a mi niña o a mi misma mamá cuando ya era viejita, y no les pasó nada. A las pruebas me remito...Pero lo que sí fue patético fue cuando nos contaron que un muchacho que vivía en nuestra calle s...
Não estamos sós,<br/> por Alfredo Behrens
Alfredo Behrens, 275b

Não estamos sós,
por Alfredo Behrens

leer en español         O café esfriava na xícara, mas a fumaça subia em espirais estranhas, desafiando a brisa leve que entrava pela janela. Caio ajustou os óculos e voltou a atenção para a tela do computador. Sentia o pescoço rígido, um arrepio incômodo que teimava em descer pela espinha. Ignorou. Apressado pelo trabalho, achava que era apenas o cansaço do fim de semana.Ele não os via, mas eles estavam lá.Não como monstros de filmes ou sombras aterrorizantes, mas como suspiros de memória que o mundo se recusava a apagar. Ao lado da estante, a figura sutil de Dona Cecília, a antiga moradora do imóvel, ajeitava com dedos invisíveis o vaso de cerâmica que Caio havia mudado de lugar. Ela não tinha pressa, tampouco raiva; apenas mantinha a rotina que cultivara por oitenta anos.Mais perto da p...
Arte del prólogo,<br/> por Victorino Muñoz
Rafael Victorino Muñoz, 275b

Arte del prólogo,
por Victorino Muñoz

Ya lo había escrito, pero lo repito: los prólogos son el letrero de hale o empuje en las puertas. Todo el mundo los ignora. ¿Cuáles son las razones para mantener, empero, esta oscura e incierta tradición, pese al escaso interés que suscita? Ensayemos algunas posibles respuestas. Tal vez una razón de la existencia del prólogo es que los lectores de pocas luces, una vez leído el libro, tendrán alguna frase inteligente para hablar del mismo, repitiendo lo que dijo el prologuista. Por lo común, en un gran grupo de casos, tenemos un libro de un autor no muy conocido: es el prologuista, el que lo presenta, quien atrae realmente la atención sobre aquel. De hecho, así se promocionan unos cuantos: compra esta edición, es la que trae el prólogo del célebre catedrático o escritor… Empero,...