Ciclamen,
por Lucy Gómez
Hay plantas destinadas a identificar situaciones y sentimientos, son como señales de tránsito. Uno las ve y sabe inmediatamente que quien las lleva es una reina de belleza o la madrina de un equipo deportivo, que se está en un bautizo, en un entierro, una misa, una oficina o viendo un encuentro del día de los enamorados.
Pues hay una flor que define historias sorprendentes. El ciclamen, conocido también como violeta imperial, es el centro argumental de una película del mismo nombre, Violetas Imperiales, donde Eugenia de Montijo le compra un ramito a una vendedora callejera. La florista le anuncia entonces que un día será emperatriz y cuando la predicción se cumple, se la lleva como su camarera a París. En la misma ciudad, mucho tiempo después, el pasado 26 de enero, para el debut de Jon...












