Gente que Cuenta

Ciudades verdes,
por Victorino Muñoz

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Parque de la Urbanización Prebo,
Valencia, Venezuela

A menudo veo esas fotos de ciudades en otras partes del mundo, ciudades supuestamente ordenadas, como dibujadas con compás y escuadra: rectilíneas las calles, cuadriculadas las manzanas, o dispuestas radialmente, según venga el caso y haya sido la predilección de los urbanistas o gobernantes.

No obstante, en muchas de ellas noto un detalle: faltan árboles, o hay más edificios y, en consecuencia, mucha más gente que árboles; de modo que estos poco se ven y poco pueden o podrían hacer.

Me refiero al hecho de que un árbol absorbe cierta cantidad de dióxido de carbono. Se estima que entre 10 kg y 30 kg de CO2 al año, dependiendo de la especie y el tamaño. Pero un ser humano puede emitir o contribuir a generar mucho más que esto. De hecho, se afirma que hacen falta 20 árboles por persona para balancear la ecuación.

Yo tengo la fortuna de vivir en una ciudad que todavía se conserva muy verde. Y ojalá siga así. Estamos rodeados de montañas, que no están llenas de casas, sino de árboles. Incluso, hay cadenas montañosas dentro de la ciudad, separando un sector y otro.

Asimismo, hay parques, plazas, terrenos, árboles en las zonas verdes de urbanizaciones y hasta en las casas, sobre todo en las más viejas del centro. Basta que uno suba a una montaña o a cualquier edificio, basta con elevarse unos veinte metros sobre el nivel de la calle, y ya puede notar el verdor por donde quiera.

No tengo idea de si la cantidad de árboles en Valencia está en la proporción de 20:1 requerida. Pero no estamos tan lejos, en comparación con otras urbes, que para mí no son más que unos desiertos de concreto.

Claro que aquí, allá y en todas partes nunca falta el gobernante o el vecino maníaco, que ven en los árboles no beneficios sino amenazas, y no piensan en sembrar sino solo en podar, aduciendo que se dañan las aceras, los cables de luz o que se ensucian las calles con las hojas.

Y ya se sabe después lo que pasa: lucimos hermosos postes, nos ahogamos con el smog y nos quejamos del calor. Pero les recuerdo que un árbol puede filtrar los rayos solares, tanto que reduce la temperatura  hasta 10° C, y que barrer unas cuantas hojas es un precio relativamente bajo para seguir respirando oxígeno.

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Victorino Muñoz
valenciano, autor de “Olímpicos e integrados”, ganador del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia del año 2012 y “Página Roja”, publicado en la colección Orlando Araujo en el año 2017.
rvictorino27@hotmail.com
Twitter:@soyvictorinox
Foto Geczain Tovar

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