Gente que Cuenta

Consomé de pollo – Pancho Iturraspe

Con el esparcimiento del Ómicron, un buen número de amigos venezolanos regados por el mundo se ha contagiado estas Navidades de Covid 19. En esta cuarta ola, por suerte, los síntomas entre los vacunados van desde un fuerte gripón hasta un leve resfrío, y las molestias de la llamada rompehueso.

A todos, además de mandarles buena onda, les hemos dicho que tomen SOPA DE POLLO, para que el sistema inmunológico se ponga de fiesta. Aquel suculento caldazo que preparaban las abuelas y madres antes de que se popularizaran los “cubitos” y “sobrecitos” que de un tiempo para acá diezman nuestro gusto y olfato.

Esos engendros contienen un agente químico llamado “glutamato monosódico” cuya inocuidad para nuestros organismos nadie ha garantizado a pesar de la enorme publicidad. Parece mentira que dos de las más acreditadas cocinas del mundo, la china y la peruana, sean las que más abusan de este químico, como lo puede atestiguar el enorme cartel de “Ajinomoto del Perú” en plena centro de Lima.

Recibimos algunas protestas; que es muy difícil de preparar, que si tarda mucho, pero también otros confesaron ¡cómo me provoca tomarme una sopa de pollo!

Hay otra razón para tomarla, debemos darle un descanso a nuestro estómago de los excesos navideños. Por todas estas razones, aquí van nuestros secretos para preparar una sabrosa sopa de pollo.

En una olla grande, ponga un caparazón de pollo (o de gallina) con algo de carne, o trozos de ave que le hayan sobrado, muy bien lavados, en unos 2 litros de agua y apenas una pizca de sal. No se olvide de poner el pescuezo y las patas, si las tiene, que le dan un toque gelatinoso. Lleve a un hervor y baje el fuego al mínimo. Es hora de agregar una cebolla grande partida por la mitad con un clavo de olor en el centro de cada mitad, ajoporro cortado en diagonal, una ramita de celery o “apio” y un par de  dientes de ajo machacados con todo y concha.

Deje hervir por al menos dos horas (un poco más si es gallina), chequee la sal y pimienta y cuele. Al servir puede agregar perejil o cilantro y si tuvieras ají dulce (¡qué envidia!) algunos trozos.

Hay una versión china muy sabrosa que lleva jengibre y cebollín como vegetales, que se come en el barrio chino de Lima.

Si no se toman todo el caldo, lo pueden guardar en el freezer y reutilizarlo para cocinar desde un estofado hasta una salsa o un risotto.

¡Adiós Rompehueso, adiós resaca!

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