Gente que Cuenta

Fotos – Luli Delgado

Grabado de equipo fotográfico
1896
Media Storehouse USA

Uno casi nunca llega desarmado a una foto. Su sola mención, así sea para sacarnos el pasaporte, automáticamente nos pone en guardia y sacamos como podemos nuestra mejor cara, nuestro lado más aventajado.

La convención universal es la de sonreír, mostrar cara de felicidad, actitud divertida, o pose de victoria absoluta. También existe la mirada soñadora en aslgunas mujeres y la serie a más no poder de algunos varones,  pero como quiera que sea, es algo que aprendemos desde nuestra más remota infancia.

Nadie le toma una foto a un bebé en plena pataleta, o después, más grandecito, cuando lo expulsan del colegio. Tampoco es muy aceptado eso de fotos de velorios, o desavenencias de familia. Los malos ratos, acuerdo casi general, no merecen esa distinción. Que se conformen con las notas que toma la memoria.

Aquellos momentos de nuestra vida que califican ser capturados, también tienen sus códigos. Para cada ocasión, hay un santo y seña previamente acordado. La beatitud de las novias o de los que hacen la primera comunión, la serenidad de las madres con sus recién nacidos, la mirada de amor infinito de los novios, la actitud de solidariedad total de las fotos en grupo, la armonía incuestionable de los equipos deportivos.

Nuestros abuelos posaban por horas con sus mejores galas y el día de “retratarse” era todo un evento. Ya la tecnología, en su afán de facilitarnos las cosas, ha hecho con que hoy cualquiera disponga de una cámara y saque las fotos que se le ocurra.

Cuando viajamos, nos hacemos fotos con los grandes monumentos de telón de fondo, o, en los encuentros de familia posamos todos felices frente a la cámara, en una suerte de alto al fuego momentáneo. Después seguimos siendo los mismos, pero parecería que tenemos un empeño pertinaz en que para la posteridad quede otra versión de las cosas.

Nunca falta el que detesta hacerse fotos e invariablemente sólo es posible su imagen gracias o a un descuido o a un rosario de peticiones previas.

Sin nos fijamos en las fotos de las colecciones de moda, llama mucho la atención que, además de usar ropa que serían incapaces de ponerse como no sea en la pasarela, las modelos tienden a poner ojos de loca o de fieras exaltadas. Nunca me quedó del todo claro el porqué, pero suele ser así.

Los ejemplos son interminables, pero en todo caso, el propósito invariable es el de endulzar la historia.

Y lo más insólito de todo es que a menudo oímos que las fotografías son los reflejos más fieles posibles de nuestra realidad.

¿Cuál realidad?

Luli Delgado es periodista venezolana, Master en Artes de Cine y  Video – por The American University, Washington, DC.
Fue Directora Ejecutiva de la Fundación Andrés Mata de El Universal de Caracas, y Gerente del Centro de Documentación de TV Cultura de São Paulo. Es autora de varios libros y crónicas.
delgado.luli@gmail.com

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